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Aena logró beneficios por el fin del retiro dorado de los controladores

Pudo aflorar en 2011 la reserva millonaria que se destinaba a pagar las prejubilaciones de oro del colectivo. Esto inyectó a las cuentas 150 millones

 

SUSANA R. ARENES

Los controladores, muy a su pesar, han contribuido a poner guapas las cuentas de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena). Para eso sirvió el plan del Gobierno anterior, para meter en cintura al belicoso colectivo en 2010. Sin los recortes en las generosas condiciones laborales de las que disfrutaban aproximadamente 2.400 empleados no habría sido posible que la empresa pública cerrara 2011 con un beneficio neto consolidado de unos dos millones de euros. Se han reducido costes, pero, sin duda, uno de los tijeretazos más provechosos ha sido la eliminación del retiro dorado de los controladores.

El convenio colectivo incluía situaciones que, en cualquier otro sector, son consideradas como un lujo. Sólo se puede comparar con los convenios de la banca y con la diferencia fundamental de que Aena es una empresa pública que, aunque se autofinancia, está controlada por el Estado. Ningún funcionario estatal tiene ni ha disfrutado de ese tipo de privilegios.

Ese convenio fue firmado en 1999, bajo el Gobierno de José María Aznar, y caducó ya en el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004. La entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, se mostró incapaz de poner coto al poderoso sindicato de los controladores, Usca (Unión Sindical de Controladores Aéreos), y el convenio se fue prorrogando año tras año hasta febrero de 2010. Después de unas vacaciones de Navidad con caos en los aeropuertos por culpa de los controladores, el sucesor de Álvarez en Fomento, José Blanco, hizo que el Gobierno aprobara un decreto urgente (hubo hasta una edición especial del BOE para publicarlo) para recortar un 40% el sueldo de esos trabajadores, que cobraban una media de 350.000 euros cada uno, un promedio que Usca nunca rebatió.

A esto se unió también la desaparición de uno de los principales privilegios: las prejubilaciones doradas, conocidas técnicamente como licencia especial retribuida (LER). El decreto del 5 de febrero fue luego aprobado como ley de prestación de servicios de tránsito aéreo el 15 de abril y consagró la eliminación de la LER. Un controlador podía acogerse a esa licencia a partir de los 52 años y cobrar el salario fijo ordinario (bastante elevado) hasta que se jubilara a los 65 años, es decir, podía retirarse percibiendo durante 13 años el sueldo de la empresa pública.

Pero, a pesar de la ley, la LER no se eliminó definitivamente hasta que entró en vigor el nuevo convenio colectivo en febrero del año pasado, que sólo pudo firmarse después de que el exministro de Trabajo Manuel Pimentel mediara ante el tremendo conflicto creado por los controladores. El boicot que llevó a cabo un grupo de empleados abandonando sus puestos de control en vísperas del puente de diciembre de 2010 provocó que el Gobierno decidiera cerrar el espacio aéreo durante unas horas y decretara un estado de alarma (que consistió en poner bajo vigilancia militar a las torres y centros de control) que duró casi un mes y medio, hasta el 15 de enero.

Una vez extinguido el retiro dorado en febrero del año pasado, Aena pudo aflorar la mayor parte de una provisión habitual para pagar a los prejubilados de nada menos que unos 180 millones, según fuentes conocedoras del cambio contable. De esa cantidad, en torno a 150 millones se han reflejado en la cuenta de resultados de la empresa que presidía Juan Ignacio Lema, lo que ha permitido a Aena dejar atrás los números rojos cinco años antes de lo previsto. También han contribuido a embellecer la cuenta el plan de austeridad decretado por Aena y el aumento de los ingresos del 6% gracias a la mejora del tráfico en 2011, año en que se marcó el segundo récord histórico en pasajeros, 204 millones. El nuevo presidente de Aena, José Manuel Vargas, hereda, así, unas cuentas en negro tras años de pérdidas y un remanente de unos 30 millones.

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