Público
Público

Ahmadineyad saca su lado más duro para lograr la reelección

El presidente ataca por igual a la clase dirigente y a los reformistas. Jóvenes y mujeres apoyan al moderado Musaví

ÓSCAR ABOU-KASSEM

Un Irán dividido entre conservadores y reformistas elige hoy presidente tras una campaña muy agresiva marcada por la economía, el cisma social y los ataquespersonales.

Tras cuatro años en la Presidencia de Irán, Mahmud Ahmadineyad puede convertirse en el primer presidente que no repite mandato en la República Islámica. Hasta hace pocas semanas, sus seguidores daban por segura su victoria en la primera vuelta de las presidenciales. Pero con una inflación del 25% y un paro estimado del 30%, cualquier líder de un país democrático tendría difícil lograr la reelección.

De los tres rivales con los que se enfrenta el actual presidente, el moderado Mir Hossein Musaví es el que cuenta con más posibilidades de plantarle cara. Tanto el reformista Mehdi Karrubi como el conservador Mohsen Rezai tienen muy difícil alcanzar la segunda vuelta.

Son los únicos cuatro candidatos que han logrado pasar el filtro que impone el Consejo de Guardianes, el poderoso órgano encargado de proteger los valores fundacionales de la República Islámica. Se presentaron más de 450 aspirantes, entre ellos 42 mujeres. Jila Khanai es una de las que intentó sin éxito pasar el corte. "Las mujeres en Irán hemos demostrado que estamos igual o mejor capacitadas que los hombres para cumplir con cualquier puesto de responsabilidad", dice Khanai. "Si Ahmadineyad logra una victoria aplastante, gobernará con métodos más dictatoriales, si gana por poco tendrá que escuchar a la sociedad", predice la activista, miembro del Movimiento de Mujeres contra la Discriminación.

Para desviar la atención de los problemas económicos, Ahmadineyad ha decidido jugárselo todo a una carta, con unas consecuencias imprevisibles tanto para el actual presidente como para el liderazgo político-religioso iraní. Las últimas semanas las ha dedicado a criticar la corrupción del establishment y sobre todo de su gran rival, el ex presidente Ali Ali Akbar Hashemi Rafsanyaní, uno de los hombres más ricos y poderosos del país.

Ahmadineyad ha acusado a Rasfanyaní y a su familia de ser "unos ladrones" y los ha vinculado con los reformistas que apoyan a Musaví. El mensaje se ha convertido en un axioma entre los seguidores del presidente, principalmente conservadores. "Los otros son todos unos ladrones, pero Ahmadineyad es el primero que ha beneficiado a la gente más pobre", afirma Ahmed, un joven de 26 años que trabaja en una tienda de repuestos de automóvil en Teherán.

La mayoría de los jóvenes no son tan entusiastas. Su frustración ante la falta de oportunidades económicas y sociales, unida al deseo de las mujeres de ganar más libertades, juega en contra del ultraconservador Ahmadineyad. El 50% de los 46 millones de votantes tiene menos de 30 años. Se trata de una generación que no fue testigo del triunfo de la revolución islámica en 1979 y que, en general, no comulga con la interpretación conservadora del Islam que ejerce tanto el presidente como el liderazgo político-religioso iraní.

Desde la candidatura de Musaví, tratan de explotar al máximo el descontento social y económico. Uno de sus principales arquitectos de campaña es Mohammed Hamshahri. Un islahat (reformista) muy crítico con la política del presidente en los últimos cuatro años: "Irán ha sufrido un retroceso desastroso. Ahmadineyad ha tenido a su disposición un tercio de todos los ingresos por petróleo que Irán ha obtenido en su historia y lo ha dilapidado sin invertir en la industria iraní. Antes éramos autosuficientes, ahora tenemos que volver a importar trigo".

Hamshahri, con la misma barba de pelo cano de Musaví, considera que las ayudas que Ahmadineyad ha repartido entre los más desfavorecidos no han servido para mejorar la economía nacional.

 El Ayatollah Ali Khamenei habla al público tras votar. AFP

Los subsidios y los repartos de comida, sobre todo en las zonas rurales, han permitido que la popularidad del presidente sea muy alta entre las clases más bajas del país. "Por supuesto que hemos cumplido con los objetivos que nos marcamos hace cuatro años", responde Ali Akbar Javan-frekr, asesor del presidente Ahmadineyad. Javanfrekr no cree que los ataques personales lanzados por su jefe pasen a mayores. "Es algo propio de la democracia y la libertad de expresión", cuenta en un correcto español.

La preocupación en las calles de Teherán es más económica que política. El Parlamento estudia una ley para limitar los subsidios de gasolina a los conductores. En 2007, la falta de abastecimiento causó graves disturbios en las gasolineras. El litro de gasolina subvencionado (100 litros al mes) apenas supera los siete céntimos de euro.

En ese contexto, hay situaciones que navegan entre el ridículo y el surrealismo. Durante una de las marchas de los seguidores del presidente en Teherán, un coche pasa entre el gentío con la altanera conducción local. Desde el automóvil, forrado con retratos de un sonriente Ahmadineyad, atruena un éxito del reggaeton: "A ella le gusta gasolina, dame másgasolina".

Más noticias de Política y Sociedad