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"Al final, lograrán que olvidemos qué es vivir"

El escritor más leído en Francia publica 'Las cosas que no nos dijimos' en Planeta

GUILLEM SANS MORA

Marc Levy es el novelista más leído en Francia. Nacido en el suburbio parisino de Boulogne-Billancourt en 1961, este autor afincado en Nueva York ha vendido 14 millones de ejemplares de sus ocho novelas en todo el mundo. La primera, Ojalá sea cierto, se publicó en 2000 y fue traducida a 38 idiomas. Le entrevistamos en el Brandeburger Hof, un hotel del elegante oeste de Berlín, escenario de su nueva novela, Las cosas que no nos dijimos (Planeta).

La caída del Muro de Berlín es el trasfondo de esta historia de amor. ¿Estuvo usted en la ciudad en 1989?

No, estaba en París y tenía 18 años. Fue un momento increíble. Soy de una generación nacida después de la guerra, y crecí en medio de lo que se llamó Guerra Fría. El año 1989 fue el fin de todo eso, de la amenaza permanente.

Pero no fue el fin de la Historia, por muchoque algunos insistan

No, pero fue el verdadero fin de la Segunda Guerra Mundial, y abrió un asombroso periodo de reconciliación. Mi generación creció en medio de muchos valores cínicos. El optimismo se consideraba ingenuo y estúpido. Pero ese día, cuando cayó el Muro, quedó claro que los cínicos no tenían razón.

Usted dice que el libro es una comedia dramática. ¿Por qué no romántica?

En la comedia romántica, los personajes están completamente desconectados del resto del mundo. No les importa dónde están. Pienso en Pretty Woman. Cuando digo comedia dramática, en cambio, pienso en las películas de Audrey Hepburn: hay una relación directa entre lo que los personajes van a vivir juntos y el mundo al que pertenecen, y eso se convierte en una segunda capa de la historia. Hoy, la historia de Desayuno con diamantes no podría contarse, porque de algún modo la manera de hablar, de actuar y reaccionar de los personajes tiene que ver con lo que estaba pasando en EEUU en ese momento.

Autores como Alfred Döblin y Christopher Isherwood describieron un Berlín del que en 1989 ya no quedaba ni rastro. ¿Seguían ahí?

No, yo no robo del plato de los demás para preparar mi cena. Pero es cierto, una ciudad en una novela es un personaje más, y de Berlín me enamoré. Es imposible estar en Berlín sin sentir el pasado de la ciudad.

El padre de Julia opta por un modo bastante rocambolesco de transmitir un mensaje a su hija después de muerto. ¿Tenemos miedo a irnos sin dejar huella?

Sí, y la tecnología nos ofrece ahora toda la comunicación del mundo para seguir presentes, pero no estamos más cerca. Hace dos semanas viví un episodio muy elocuente. Un hombre habla con su hijo y le dice: "He intentado localizarte por todas partes, te llamé al móvil, llamé a todo el mundo, te busqué en Face-book, en Twitter, en Myspace, ¿dónde estabas?". Y el niño le responde: "En la habitación de al lado". Los gobiernos están obsesionados por garantizar que vivamos más tiempo, y al final lograrán que olvidemos qué es vivir.

¿Y no es mejor hablarde las cosas en vida?

Tenemos que procurar que la cantidad de mensajes que recibimos no nos inunde. Hoy, y la novela también lo refleja, puede pasar que intercambies 500 mensajes de móvil con una persona en un día, y al final te des cuenta de que no has compartido nada con ella. Antes, cuando te pasabas una hora escribiendo una carta que tardaba dos o tres días en llegar, era totalmente distinto.

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