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Al servicio de los grandes países

DANIEL BASTEIRO

Defensores y detractores coinciden. Los cinco años de José Manuel Durao Barroso al frente de la Comisión Europea se han caracterizado por el pragmatismo. Una cualidad que su equipo defiende como “capacidad de diálogo” y de “búsqueda de acuerdos europeos”, y sus enemigos achacan a su “servilismo ante las grandes economías” y a su “campaña electoral por la reelección más larga que su mandato”.

Barroso, maoísta en su juventud y anfitrión de la cumbre de las Azores que decidió la guerra de Irak en su madurez, acabó por enfurecer a la izquierda con su prueba de fuego: la crisis económica.

Tras cuatro años promoviendo el liberalismo económico, Barroso se convirtió en el adalid de la lucha contra el “consumismo”, el “materialismo excesivo” o las raíces de una crisis que “no ha sido sólo financiera, sino también de valores”, según una comparecencia del mes pasado.

Sin embargo, su apoyo hasta el final al comisario de Mercado Interior, Charlie McCreevy, que defendía la autoregulación de productos financieros como los hedge-funds o de las agencias de calificación de riesgo, sacó de sus casillas a los grupos de izquierda de la Eurocámara, que ahora reclaman su cabeza.

Barroso ha cambiado además el protocolo legislativo de la Comisión. Hasta su llegada a Bruselas, la institución ejercía de manera única el derecho de iniciativa o competencia exclusiva para proponer leyes a los Gobiernos y al Parlamento. Varias directivas, como la de Servicios (que permitía igualar los derechos de los trabajadores de los nuevos países miembros en otros Estados) o la que regulaba los productos químicos enfrentaron al principio de legislatura a la Comisión con los Gobiernos.

Tras varios reveses para Bruselas, Barroso decidió introducir un sistema de consultas previas antes de la presentación de iniciativas concretas que le permitieron presentar como éxitos numerosas directivas que, tras intensos debates preliminares, acabaron siendo acuerdos de mínimos.

Por eso, líderes de la izquierda como el presidente del grupo verde, Daniel Cohn-Bendit, han acusado a Barroso de “servir al interés de los grandes Gobiernos y no al de los europeos”. El jefe de los socialistas europeos, Martin Schulz, le recrimina su obsesión por “satisfacer a todos” y “cambiar de opinión” según con qué líder europeo esté al teléfono.En la cuenta del haber de Barroso, se encuentra el ambicioso paquete de medidas contra el cambio climático, inspirado por países como el Reino Unido y apoyado por España. El acuerdo fue alabado por ecologistas y sirvió de ejemplo para las nuevas políticas ambientales en EEUU.

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