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Amenábar, enemigo número uno del cine

‘Mis problemas con Amenábar’, del periodista Jordi Costa y del ilustrador Darío Adanti, es un corrosivo cómic sobre el director de ‘Mar adentro’ y ‘Agora’

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Entre las decenas de libros sobre Alejandría e Hipatia que llenan las librerías previo al estreno ayer de Ágora, de Alejandro Amenábar, hay una oveja negra. Un grano supurando mala leche en el rostro impoluto del niño genio del cine español.

El cómic Mis problemas con Amenábar (Glenat), del crítico de cine Jordi Costa y del ilustrador Darío Adanti, es un ataque corrosivo al director de Mar Adentro y de Los otros, que deja perlas tan desternillantes como ese 'Si el gotelé fuera cine se llamaría Tesis'.

Costa no lo niega, 'lo mío con Amenábar es personal', porque como en toda historia de aversión, en ésta también hay un trauma fundacional.

Cuando Amenábar era todavía un chavalillo que andaba pariendo una ópera prima que le daría siete premios Goya en 1996, un crítico en pañales, recién llegado a Madrid, recibió la primera bofetada de una larga historia de desencuentros: '¿Tú? ¿De la tele? Pues no saldrás en pantalla, ¿no? Porque anda que no eres feo', le espetó el ayudante de dirección en una visita al rodaje de Tesis.

El chascarrillo (real, aunque adornado, como casi todas las anécdotas del libro) fue la antesala del primer encuentro entre director y crítico de cine.

De allí saldría una visión que trasciende toda fobia personal: Amenábar es peligroso.

'Es un director que le quita la alegría al concepto del cine dionisíaco, creado por y para dar placer, algo que intentó introducir en España la generación anterior a él, la de Álex de la Iglesia.

Amenábar elimina ese componente lúdico del cine de género, lo deseca y lo reduce a una mera competencia técnica', esgrime el autor.

Así las cosas, el cómic se convierte en una especie de Invasión de los ultracuerpos -la película de Philip Kaufman (1978)- y a ratos en un relato de terror, donde Jordi Costa queda solo ante el peligro de no comulgar con las dos opiniones consensuadas sobre el director: a) es un buen chico, b) es un genio.

'La idea era un pretexto para hablar de los festivales, los rodajes, las entregas de premios, la maquinaria del prestigio', asume el guionista, 'Amenábar es sólo la punta del iceberg'.

Ciertamente, los autores no dejan títere con cabeza: productores de aires chulescos se codean con actores insustanciales, críticos entregados a las bacanales festivaleras y alcaldes ansiosos por salir en la foto.

Hasta José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero tienen su hueco en el catálogo de abducciones de un cómic que es un jocoso espejo deformante.

Nacido por entregas desde 2004, cuando Jordi Costa y Darío Adanti empezaron a perpetrar su particular revancha a Alejandro Amenábar desde las páginas del fanzine Mondo bruto, el libro Mis problemas con Amenábar fue divertimiento desde el minuto uno.

'Ha sido un work in progress', dice Adanti, 'pasamos del dibujo de línea gorda en ordenador, al collage de elementos sacados de Internet, a viñetas hechas a pluma o papeles pintados y escaneados', explica el dibujante, que hace guiños al manga gay Yaoi o el cómic de superhéroes en sus páginas.

El resultado -que salió ayer a la venta- no puede ser más claro: un libro de guerrilla en tiempos de pensamiento único, una sana deformidad y una broma con toneladas de mala uva para incordiar desde los márgenes a uno de los estrenos del año. Cómic dionisíaco,puro y duro.

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