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las otras víctimas de la pandemia

Ana Isabel Alberca: "Mi madre tuvo seis citas telefónicas y al final murió de un cáncer con metástasis"

Cuando María Jesús Leal consiguió que le hicieran un TAC la prueba reveló que tenía metástasis en hígado, pulmón, costillas y espalda, y a los 34 días falleció.

La hija de María Jesús sujetando una fotografía de su madre.
La hija de María Jesús sujetando una fotografía de su madre. FERNANDO SÁNCHEZ

alejandra de la fuente

El 2020 será un año recordado como el año en el que el coronavirus llegó a nuestras vidas y se llevó miles de ellas. Un año en el que, confinados, los diferentes presidentes iban dando indicaciones y los epidemiólogos, en el caso de España Fernando Simón, notificaban y analizaban las cifras de muertos y contagios cada día.

En España, la pandemia saturó la sanidad pública y paralizó el tratamiento y detección de otro tipo de enfermedades que seguían avanzando sin saber que existía el temido coronavirus, agravándose por los meses sin seguimiento e, incluso, haciendo que aquellos que las padecían falleciesen por la escasa o nula atención.

Estos enfermos han tenido que ver cómo mejoraban o empeoraban mientras estaban encerrados, han tenido que soportar dolores que en cualquier otro momento no habrían tenido que aguantar y han tenido que contarle a un teléfono sus síntomas y sus preocupaciones, soportando la espera de una cita presencial. Muchos de estos enfermos han tenido que autoconvencerse de que no les pasaba nada, aunque, en el fondo, sabían que algo no iba bien.

Este fue el caso de María Jesús Leal que por dolores en la zona lumbar y de la espalda acudió a su médico de cabecera el 27 de febrero y el 5 de marzo.

Éste le mandó una radiografía, pero dada la situación por el auge del coronavirus fue anulada. Por ello, la familia decidió hacerla de forma privada y, al remitírsela, el médico de cabecera pautó, vía telefónica, medicación para la lumbalgia y la artrosis.

El día 15 de marzo María Jesús sufrió una caída perdiendo el conocimiento. Se la llevó una ambulancia al hospital Gómez Ulla (Madrid) y allí le realizaron un electrocardiograma, una analítica y una radiografía de cadera, pero después de darle unos puntos de sutura la mandaron de nuevo a su casa por la presencia de coronavirus en el hospital.

Los dolores nunca desaparecieron y cada semana que pasaba subían de grado. Por eso, tanto ella como la familia, no dejaron de insistir a los médicos. Desde el 15 de marzo hasta el 21 de mayo María Jesús tuvo seis consultas telefónicas y en ningún momento le dieron una cita presencial, pese a que el dolor iba en aumento y ella se lo notificaba al médico.

El día 21 de mayo, tras no conseguir cita presencial, acudió a las urgencias del Hospital Gómez Ulla, donde le volvieron a hacer una radiografía y a mandarla a casa con el mismo tratamiento y diagnóstico.

"Vives la rabia y la impotencia de ver sufrir a un ser querido y no poder hacer nada y ya sólo pides citas presenciales", cuenta a Público su hija Ana Isabel Alberca.

María Jesús fue atendida en consulta de forma presencial el 10 de junio y tras otra radiografía y una discusión, la familia consiguió que fuera derivada a un especialista en reumatología en el Hospital Clínico San Carlos.

"Acudió por primera vez a consulta de reumatología el 15 de junio. Le explicamos el problema que presentaba desde hacía meses y todos los antecedentes. De nuevo, desde el hospital pidieron una radiografía, pero insistimos en que ya le habían hecho varias, que ya la habían radiado suficiente y que el diagnóstico siempre es el mismo. Le pedimos que en lugar de radiografía le hiciera una resonancia, pero nos la negó y dio como diagnóstico lumbago no especificado, le pautó tratamiento y una revisión en quince días", cuenta su hija.

María Jesús volvió a consulta de reumatología el 29 de junio. Y, con la radiografía, fue diagnosticada de bursitis/tendinitis del trocánter y lumbago no especificado, además de artrosis, pero nada grave. Volviéndose a casa sin la resonancia que los hijas solicitaban una y otra vez.

Tras una última consulta de reumatología el 13 de julio en la que el diagnóstico no había variado, los hijas tomaron la decisión de llevar a su madre a la sanidad privada para la realización de pruebas.

"Nuestra madre tenía muchos dolores, algunos de ellos se hacían insoportables y sólo tenía consultas con el médico de cabecera de forma telefónica. Por eso, llegamos a la decisión de llevarla a la sanidad privada", cuenta Alberca.

Una de las hijas de María Jesús sujeta varias fotos familiares.
Una de las hijas de María Jesús sujeta varias fotos familiares. FERNANDO SÁNCHEZ

El día 10 de agosto, María Jesús acudió a un traumatólogo privado y se le realizó la solicitada resonancia. Dos días después, el médico explicó a la familia que lo que se veía en la resonancia no era nada bueno y les aconsejó que acudan a urgencias de inmediato.

Ese mismo día, ingresó por urgencias en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y su hija cuenta a Público que, cuando le preguntaron si era consciente de que podía ser algo muy grave ella respondió que para vivir con esos dolores prefería morir. Cinco días después del ingreso le realizaron un TAC de cuello a pelvis en el que se observó que tenía metástasis en hígado, pulmón, costillas y espalda, pero sin detectar el cáncer primario que lo originaba. Al día siguiente le realizaron una biopsia y después un TAC cerebral, encontrando metástasis cerebral con muy mal pronóstico.

El día 16 de septiembre a las 12:35, 34 días después del diagnóstico, María Jesús Leal falleció por parada cardiorrespiratoria en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid a los 82 años de edad.

"Mi madre ha fallecido porque se paralizó la sanidad pública para las enfermedades que no eran covid. La sanidad tiene que ser presencial y atender todos los tipos de enfermedades, no solo la covid. Hay enfermedades que no se pueden tratar por teléfono al igual que no se puede apagar un incendio con una conversación telefónica. La covid no nos está haciendo mejores, está dejando una sanidad pública totalmente precaria y deshumanizada", ha querido denunciar su hija contando la historia de su madre a Público.

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