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Un aniversario en horas bajas

Tras dos años en el poder, Sarkozy afronta la crisis económica, la revuelta laboral y su impopularidad

ANDRÉS PÉREZ

Que tire la primera piedra quien se acuerde del Nicolas Sarkozy rompedor, que iba a transformar Francia en una paraíso ultraliberal sin huelgas. Poco o nada queda de aquel líder en la cima de su popularidad, ahora que Sarkozy festeja el segundo aniversario de su triunfal elección a la presidencia.

Basta con leer los grandes titulares de la prensa francesa de los últimos días para comprender que algo no funciona en el esquema que había planteado el presidente mejor elegido de la historia de la V República Francesa, aupado al poder el 6 de mayo de 2007.

Este Primero de Mayo, las manifestaciones sindicales unitarias reunieron proporcionalmente a más personas en Francia que en cualquier otro país occidental y lo hicieron en torno a una plataforma claramente alternativa a la política económica de Sarkozy.

El lunes pasado, el Banco de Francia anunciaba que, por segundo mes consecutivo, se batía el récord de hogares sobreendeudados y en suspensión de pagos, consagrando así el fracaso del eslogan sarkozysta "trabajar más para ganar más".

Ese mismo día, la agencia estatal de empleo anunciaba que se está alcanzando en Francia una tasa récord de personas maduras obligadas a ofrecer sus servicios en agencias de trabajo temporal.

Si en el primer año de su mandato Sarkozy ya dilapidó la práctica totalidad del inmenso capital de popularidad con que contaba pasó de un 68% de partidarios en junio de 2007 a sólo un 36% en marzo de 2008, lo peor está ahora por venir. Los resultados reales de su política aparecen ya crudamente para esa Francia de a pie que confió en Sarko.

El presidente se ha instalado en una impopularidad duradera y profunda y dos de cada tres franceses desconfían de su poder.

Esta reprobación se mantiene estable desde febrero de 2008 con pocas variaciones. Por ejemplo, en el barómetro BVA uno de los más importantes del país, Sarkozy subió levemente en los últimos días a un 43% de apoyo, lo que no está nada mal comparado con el 36% de febrero de 2008.

Ese leve repunte puede quedar empañado rápidamente, como en otras ocasiones, por otros datos. El sondeo de popularidad Ifop de abril lo colocaba en segunda división, como el político número 33 del país. Y un indicador de BVA sobre política económica señalaba que el 72% de los franceses apoyan a los sindicatos y su plataforma antiSarkozy. Según TNS-Sofres el lunes pasado, un 65% de los franceses está "decepcionado".

El presidente, que renunció a sus ambiciones ultraliberales estilo Thatcher a causa de las huelgas de 2007, ha culminado su cambio este invierno, frente a la segunda oleada de grandes huelgas.

Ha tenido incluso que sacar la chequera del Estado, distribuyendo primas de entre 70 y 200 euros para ancianos, jóvenes y hogares modestos. Poco o nada queda de la altanería del presidente que se iba de vacaciones en yates de amigos ricos o insultaba a los abuelos diciéndoles: "¡Lárgate gilipollas!".

Ese primer Sarkozy ya fue sancionado por los franceses en las manifestaciones y en los comicios locales de marzo de 2008. Las europeas del 7 de junio serán el test para la esperanza del nuevo Sarkozy de conservar el poder.

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