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El argentino César Aira inocula altas dosis de humor y de ironía en su nueva novela

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Considerado uno de los autores más originales de Argentina, César Aira siempre ha querido "escribir en serio", pero el humor inteligente y la ironía suelen impregnar sus libros, como sucede en su nueva novela, "Las aventuras de Barbaverde", una mezcla explosiva de alta literatura y cómic.

"En mis libros hay un poco de Superman y un poco de Lautréamont", afirma en una entrevista con Efe César Aira, que a sus 58 años conserva un cierto aire de niño travieso, que se ríe hasta de su sombra. Como en su nueva novela: desternillante y con altas dosis de imaginación y fantasía.

Publicada por Mondadori, "Las aventuras de Barbaverde" son en realidad cuatro novelas cortas, porque la idea de Aira (Coronel Pringles, 1949) "era escribir una serie indefinidamente larga de novelas" en las que el Bien y el Mal estuvieran representados por "el superhéroe y su archienemigo", y en las que la vida real corriera a cargo de un joven periodista y de una joven artista plástica.

"Así pensaba seguir hasta el fin de mis días, pero me cansé", señala este escritor prolífico, que ha publicado más de cincuenta libros y cuya obra está traducida al alemán, inglés y francés, entre otras lenguas.

En la nueva novela de Aira cualquier cosa es posible: salmones gigantes que hacen peligrar la humanidad, rayos que transforman los juguetes en seres reales y éstos en juguetes (el autor se ríe al recordarlo), pirámides de Egipto que se multiplican sin fin, la desaparición del Presente, números interminables que se ponen a la venta como si fueran acciones de empresas, modelos que mueren misteriosamente en plena "Fashion Week"...

Y en medio de esas situaciones descabelladas, y sin perder nunca el humor, el autor introduce reflexiones sobre el arte contemporáneo, el periodismo, la ciencia, la enseñanza universitaria y las becas que "con tanta facilidad se dan hoy día".

Una de esas becas la consiguen en la novela el Tapita y sus amigos, licenciados en Arqueología por una de esas universidades que regalan títulos con tal de conseguir alumnos. Los supuestos arqueólogos se van a Egipto a cumplir una misión auspiciada por la UNESCO, sin saber siquiera dónde está ese país que ellos pronuncian como "Egicto".

César Aira conoce en profundidad las reglas del "best seller" porque antes de poder vivir sólo de sus libros -"eso pasó hace cuatro o cinco años"- se ha dedicado a traducir "literatura mala, 'best seller' americano, porque son mucho más fáciles de traducir y las editoriales pagan lo mismo", decía hoy con sorna.

Por eso sabe que la literatura comercial "tiene que tener como condición ineludible una completa sinceridad, y si hay una gota de ironía, el lector lo huele de lejos y deja la novela", algo que en principio no parece favorecer a César Aira, porque en sus libros reina la ironía.

"Ésa es la razón de que mis libros fracasen totalmente, pero ya estoy resignado a eso", aseguraba hoy este escritor, que ha ambientado su nueva novela en Rosario, una ciudad que "tiene algo de mágico, de raro", hasta el punto de que hace unos años escribió una novela titulada "Los misterios de Rosario".

Hay mucho de autobiográfico en "Las aventuras de Barbaverde", aunque "más o menos disfrazado". "Con frecuencia he pensado que mis novelas son el diario íntimo de mi vida, mi dietario, porque las voy improvisando día a día, con las cosas que me suceden", comenta el autor de "Ema, la cautiva", "Cómo me hice monja", "La mendiga", "Canto castrato" y "Las curas milagrosas del Doctor Aira", entre otros muchos títulos.

Entre broma y broma, el escritor desliza también críticas sobre ese tipo de periodismo que deforma la realidad con tal de conseguir lectores o audiencia. Algo de eso le sucede a Sabor, el joven periodista de la novela, "un aliado del olvido, obrero de lo efímero", y que nunca había oído hablar "de una cosa llamada sintaxis".

"Vos escribís lo que escribís para reírte de todo el mundo, no te importa nada, sos un postmoderno", le dice a Sabor su compañero Sergio en un momento dado de la novela.

Y si se le pregunta a César Aira si escribe para reirse del mundo, asegura que no, que "no es la intención".