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La artista escocesa Alison Watt pintó obsesionada por un santo de Zurbarán

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La escocesa Alison Watt, que presenta hasta el 22 de junio siete cuadros monumentales en una sala de la National Gallery de Londres, confiesa haberse "obsesionado" con un cuadro de Zurbarán que cuelga en la famosa pinacoteca londinense.

Se trata de "San Francisco Meditando" (1635-1639), en el que el santo aparece de rodillas, con los dedos entrelazados sosteniendo una calavera contra el pecho.

Las facciones del santo aparecen oscurecidas por la fuerte sombra de la capucha, no podemos ver sus ojos y sí sólo la nariz y la boca, entreabierta como en un arrobo místico.

"Tiene una boca muy sensual. Es algo que me llamó mucho la atención cuando se descolgó el cuadro de la pared y pude verlo a mi altura en el estudio", explica la joven artista (nacida en 1965).

Como artista residente, a Watt se le ofreció la oportunidad de pasar horas enteras contemplando esa pintura, fuera de las horas de visita de la galería.

"La experiencia de estar una sola frente a un cuadro como ése es profundamente espiritual", señala en conversación con Efe la artista.

"Para Zurbarán, el realismo es un instrumento al servicio de la espiritualidad", comenta Watt, quien destaca otra faceta que la interesa especialmente de Zurbarán: "es además un maestro pintando telas, que parecen vivas hasta el punto de que uno quisiera tocarlas, olerlas, escucharlas".

Pese a su admiración por el maestro español, la artista confiesa que nunca ha estado en el madrileño museo del Prado ni tampoco en el de Bellas Artes de Sevilla, que conservan obras impresionantes de ese pintor, pero confía en visitarlos un día.

Su experiencia en el año y medio que lleva trabajando en la National Gallery, donde tiene reservado un estudio durante los meses que pase en la pinacoteca, la ha llevado a crear unos cuadros monumentales- de más de tres por dos metros- a mitad de camino entre la figuración y la abstracción.

Son cuadros que a primera vista dan una impresión de monocroma blancura. Y sin embargo, cuando uno se fija en ellos y si tiene suerte con la luz natural cenital de la sala, verá que el blanco esconde en realidad grises, rosas pálidos y otros tenues colores.

Ella misma ha escogido también el gris de fondo de la pared que hace resaltar mucho más la luminosidad de su pintura, que, pese a lo que puede parecer también a primera vista, es de pinceladas densas y cuidadosamente trabajadas.

Watt muestra al corresponsal de Efe en su estudio de la galería una reproducción del famoso cuadro "El Origen del Mundo", del francés de Gustave Courbet, un cuadro en el que aparece un torso desnudo de mujer con las piernas abiertas mostrando una vagina en primer plano.

"Es un cuadro extraordinario, dice, que sigue chocándonos hoy a pesar del bombardeo de imágenes sexuales a que estamos sometidos diariamente".

La pintura de Watt tiene también con sus juegos de luz y de sombra, con sus pliegues y huecos cavernosos una fuerte carga sexual, de una sexualidad, sin embargo, mística y abstracta.

En una salita próxima a aquella en que se exponen sus pinturas se proyecta una película sobre la pintora que incluye el recitado de un poema titulado "Phantom", fantasma, que es el título también de uno de sus cuadros.

El largo poema, de Don Paterson, habla hace una bella descripción del "San Francisco" de Zurbarán. Watt se dice encantada con la experiencia de trabajar en paralelo con otro artista sobre el mismo tema.

Preguntada qué va a hacer ahora, Watt explica que necesita descansar algún tiempo porque la creación de esos últimos lienzos la ha dejado prácticamente extenuada.