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El asesinato del Arzobispo de Mosul pone de relieve la difícil situación de los cristianos en Irak

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El asesinato del Arzobispo católico caldeo de Mosul (Irak), secuestrado hace dos semanas, vuelve a poner de relieve la difícil situación en la que vive la menguante comunidad cristiana de Irak.

Hoy, en el barrio de Al Intisar, en el suroeste de Mosul, 400 kilómetros al norte de Bagdad, apareció el cadáver del Arzobispo católico caldeo, Boulos Faray Raho, con varios disparos en el cuerpo, según fuentes policiales.

El hallazgo del cadáver de Raho se produjo después de que unos desconocidos telefonearan ayer a la sede de la Iglesia Caldea para comunicar que "el arzobispo secuestrado estaba muerto y enterrado en un lugar del oeste de la ciudad", según fuentes policiales.

"Una fuerza conjunta de la policía y del ejército, formada de inmediato, se dirigió al lugar y comenzó su búsqueda hasta que lo encontró, muerto y enterrado", dijeron las fuentes.

El cuerpo de Raho ha sido trasladado al depósito de cadáveres central de la provincia de Nínive, donde se le practicó una autopsia, según fuentes médicas citadas por la agencia independiente de noticias iraquí Aswat al Irak, que no dieron más explicaciones.

La Policía iraquí aseguró que el cadáver del arzobispo presentaba varios impactos de bala.

Desde la Ciudad del Vaticano, el papa Benedicto XVI expresó su "profunda" pena por la muerte del arzobispo, que fue secuestrado el pasado 29 de febrero en el barrio de Al Nur, en Mosul, en un asalto que en su momento costó la vida al conductor del vehículo en que viajaba y a sus dos guardaespaldas.

Según el portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, el Papa fue inmediatamente informado tras conocerse en el Vaticano el hallazgo del cadáver del prelado.

El Pontífice consideró que la muerte del arzobispo es un acto de "violencia inhumana" y que "ofende a la convivencia fraterna del pueblo iraquí".

En un telegrama que envío al Patriarca de los caldeos, el cardenal Emmanuel III Delly, Benedicto XVI deseó que este trágico desenlace "sirva para construir un futuro de paz en el atormentado Irak".

Asimismo, expresó su "cercanía" a la Iglesia caldea y a toda la comunidad cristiana de Irak por la pérdida del arzobispo.

La mayoría de los cristianos que quedan actualmente en Irak, unos 600.000 fieles, pertenecen a la Iglesia Caldea y, de esa cifra, unos 250.000 viven en la región autónoma del Kurdistán.

El obispo Mer Patros, máxima autoridad de los caldeos católicos en el Kurdistán, se quejaba recientemente de que en tiempos de Sadam Husein llegó a haber dos millones de cristianos en el país, pero esta cifra que ha bajado considerablemente en los últimos años.

"Los cristianos somos objeto de una auténtica persecución en Irak y solo aquí, en el Kurdistán, encontramos la paz", dijo el obispo, que reconoció la labor que el gobierno autónomo kurdo está haciendo por ayudar a los seguidores de Cristo.

"Por culpa de la ocupación americana del país nos han considerado cómplices por ser cristianos, como ellos; y luego están los musulmanes fanáticos que quieren limpiar Irak y Oriente Medio de cristianos", se lamentó el obispo.

Tras la caída de Sadam Husein, los cristianos iraquíes -caldeos, sabeos y asirios- comenzaron a sufrir ataques y atentados en sus iglesias, lo que les empujó a emigrar hacia países vecinos o a Europa.

De los cuarenta sacerdotes caldeos que había entonces en Bagdad, hoy sólo quedan 17 y en los últimos tiempos varios obispos han sido capturados, pero siempre liberados después de algunos días.