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Aviso: la izquierda se hunde cuando imita a la derecha

Catorce intelectuales analizan para Público el derrumbe de la socialdemocracia en las europeas

PERE RUSIÑOL

Algunos que fueron marxistas tenían incorporado en su disco duro que el capitalismo iba a sufrir una crisis sísmica y que entonces las fuerzas de progreso triunfarían desde sus escombros. Otros, simplemente aplicaban la lógica: la izquierda que alumbró el Estado del bienestar será la gran beneficiada del tsunami financiero causado por los desmanes del neoliberalismo. Pero entonces llegó el 7-J.

La macroelección simultánea en 27 países de la Unión Europea, culminada el pasado domingo en el contexto de la peor crisis económica desde la Gran Depresión de 1929, ha tenido efectivamente efectos sísimicos, pero para la izquierda europea moderada: el peor resultado en décadas la ha dejado en la UVI.

El cataclismo es tan sonado que la izquierda parece situarse en su zona cero. Salvo excepciones, su caída no ha provocado un gran auge de las izquierdas alternativas, fragmentadas en múltiples opciones. Tras el crash, sólo parece subir la extrema derecha.

Los más optimistas en el campo de la izquierda subrayan que la particularidad de los comicios elecciones europeas, con una participación de apenas el 43% y muy poco en juego restan importancia a los resultados. Y recuerdan, como subrayó el propio Felipe González en un acto reciente de la Fundación Alternativas, que "en épocas de grandes crisis las fórmulas simplificadas y totalizadoras de la derecha tienen más recorrido y éxito que las propuestas complejas, moderadas y serias de la socialdemocracia".

La serie histórica de los mismos comicios europeos muestra que la crisis de la izquierda viene, sin embargo, de muy lejos. El desplome de la socialdemocracia en algunos de sus feudos históricos Alemania, Reino Unido, Holanda es escalofriante: han perdido respaldo de forma sostenida a un ritmo tal que sus apoyos se reducen a la mitad o incluso a un tercio del que tenían hace sólo 20 años (ver cuadro).

Hay otro elemento de fondo que afecta a las elecciones de primera divisón, las que sí deciden Gobiernos nacionales. Y la evolución es la misma: hace 10 años, Europa era un auténtico bastión de la izquierda. La situación se ha dado vuelta: ahora, 20 de los 27 Ejecutivos de la UE son conservadores (ver mapa).

¿Qué hacer? La eterna pregunta sobrevuela de nuevo al conjunto de la izquierda. Público ha querido contribuir al debate buscando la opinión de 14 intelectuales europeos de prestigio, que representan toda la pluralidad de la izquierda: desde el progresismo hasta la extrema izquierda, desde el republicanismo cívico del politólogo irlandés Philip Pettit hasta las posturas directamente ácratas del caricaturista francés Siné, pasando por el compromiso con la izquierda democrática del historiador británico Tony Judt, el laicismo del filósofo italiano Paolo Flores dArcais, la perspectiva marxista del historiador alemán Wolfang Fritz Haug, el activismo antiglobalizador de Susan George y el periodismo comprometido de Concita de Gregorio, directora de LUnità, el diario fundado por el comunista Antonio Gramsci, ahora en la órbita de la izquierda moderada, entre otros.

Hay mucha variedad, pero en mayor o menor medida, todos coinciden en un elemento central: la izquierda ha perdido por parecerse demasiado a la derecha. El fenómeno no es nuevo, sino que hay que remontarse al menos a 30 años atrás. Lo que ahora se está viviendo, justo cuando la crisis económica parece dar la razón al intervencionismo asociado a la socialdemocracia, no sería más que la culminación de un largo camino emprendido para despojarse de su ADN.

"En dos décadas no se ha construido una visión alternativa", lamenta Judt, que opina que los líderes socialdemócratas actuales se han ganado a pulso el rechazo del electorado. "El centro-izquierda fracasa a la hora de construir un discurso único coherente", le secunda Pettit, el politólogo de referencia del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. "En muchos países de Europa, la izquierda no existe", se desespera Flores dArcais, cuya teorización del laicismo lo sitúa como otro de los filósofos de cabecera en la cúpula del PSOE.

El debate se ha instalado también en el PSOE, que perdió los comicios pero aguantó el chaparrón mejor que otros: sólo en Malta obtuvieron los socialdemócratas un porcentaje de apoyo superior.

Jesús Caldera, que dirige la principal factoría intelectual del partido la Fundación Ideas se resiste a aceptar que la derecha ha ganado las elecciones. "Si se hace la suma de las izquierdas se verá que la derecha no ha ganado. La izquierda en conjunto ha sumado más que la derecha en Francia y supuestos grandes éxitos como el de Berlusconi en Italia o Merkel en Alemania lograron un porcentaje de voto menor que el PSOE", explica a Público.

"Los valores mayoritarios siguen siendo los progresistas; otra cosa es que la socialdemocracia ha tenido muchos problemas cuando no ha presentado una oferta electoral claramente diferenciada de la derecha", afirma Caldera, en sintonía con los intelectuales consultados.

¿Por qué no ha logrado capitalizar pues la izquierda alternativa este desmoronamiento del tronco central de los progresistas? Tampoco los alternativos salen bien parados del análisis de los intelectuales europeos. La lista de reproches es larga: división, incapacidad por formular propuestas creíbles y reproducción de males que muchos ciudadanos asocian a los políticos tradicionales, a los que percibe como una casta única.

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