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Barack Obama, el presidente del cambio que nunca fue

El candidato demócrata ha incumplido la mayor parte de las promesas que inspiraron al país para acabar con la era Bush. Se enfrenta al duro juicio de la recesión

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Parece una eternidad, algo casi irrelevante en el contexto actual, y sin embargo, hace tan sólo cuatro años, fue el tema de la campaña ¿Estados Unidos podría elegir a su primer presidente negro? Una depresión económica más tarde, Barack Obama ha resultado ser un gobernante mucho más tradicional de lo que se esperaba, que ha navegado por circunstancias extremas, mejor que sus predecesores, algo que sin embargo, como candidato con una historia personal tan fuerte, no ha sabido explicar a unos estadounidenses desorientados por las circunstancias económicas y sociales de la nueva normalidad de Estados Unidos.

Han cambiado tantas cosas... En Chicago, donde Obama pasará la noche electoral, no hay ni sombra de la euforia de hace cuatro años.  El joven senador que se presentó en 2007, el primer candidato afroamericano en tener serias posibilidades de llegar a la Casa Blanca, el político con escasa experiencia que se atrevió a retar a la entonces imbatible Hillary Clinton, y luego al veterano senador John McCain no es el presidente que ha atravesado la mayor crisis económica del país desde la Gran Depresión a base de renunciar a muchas de sus promesas electorales. El desgaste es evidente. Las canas, aparentes. 'Sé que ahora parezco un poco más viejo, pero aún tengo muchas ganas de pelear', reconocía este fin de semana el líder demócrata en New Hampshire.

El 'Yes we can' lleno de posibilidades se transformó en estas elecciones en un slogan de campaña mucho más blando 'Forward',  Adelante, pero ¿adelante hacia donde? 'Un presidente que ha conseguido parar una recesión, acabar con una guerra, matar a Bin Laden y llevar la tasa de paro por debajo del 8%', escribía en las páginas de The New York Times, el analista Matt Bai, ' no ha sabido articular sus logros en una narrativa coherente'  atractiva para los electores.

El principal problema de Obama no ha sido pues el haber fallado como reformista, cosa que se puede en parte justificar por las circunstancias, sino el no haber sabido explicar lo que ha conseguido en su primer mandato. Obama no ha cerrado Guantánamo, no ha cambiado las normas de Washington, apenas se ha ocupado de política exterior, no ha pujado por la reforma migratoria que prometió, dejando en el limbo a 11 millones de sin papeles; pero por otra parte ha aprobado la mayor reforma sanitaria lograda en Estados Unidos desde los años 60, una reforma financiera (la ley Dodd-Frank) que, aunque imperfecta, ha impuesto algunas normas de conducta en Wall Street, y ha sentado las bases de una incipiente recuperación económica.

¿Porqué ha tenido que luchar en los sondeos? Las razones son muchas y variadas: desgaste natural del poder, 'cabreo' generalizado porque la economía no acaba de despegar; impaciencia del estadounidense de a pie ante una clase política que no parece entender sus problemas. 'Washington is broken' (Washington está roto) clama la opinión pública.

Esta campaña no ha habido menciones a la frase de Luther King, la 'feroz urgencia del ahora', la idea de que las oportunidades pasan y se pierden  'Paradójicamente este Congreso ha sido uno de los más productivos de los últimos años y ha aprobado leyes muy importantes', dice Thomas Mann, politólogo del Instituto Brookings, 'pero la crisis financiera y la unánime oposición de los republicanos han convencido a la opinión pública de que no se ha conseguido nada constructivo'.

El presidente ha sido el mejor narrador de su vida personal y de su peculiar historia. Cuando saltó a la fama en la convención demócrata de 2004, ya tenía listo el currículum. Obama no alberga dudas sobre sus reconocidas capacidades intelectuales y su necesaria ambición. Hace falta tener mucha confianza en sí mismo para presentarse a la presidencia de Estados Unidos con 45 años y escribir un libro autobiográfico, Dreams of my father, con 33. Pero esta campaña no ha habido menciones a tan repetida frase de Martin Luther King, la 'feroz urgencia del ahora', la idea de que las oportunidades pasan y se pierden.

En una entrevista a la cadena CBS, Obama habló en su momento del peso de la fama y de su lucha por mantener una cierta coherencia personal y pública. 'Cuanto más tiempo paso bajo la mirada del público, más intento asegurarme de que no hay diferencia entre quién soy de verdad y la imagen que doy al mundo. Quieres que la gente sepa que lo que dices corresponde a lo quieres decir y a quién eres'.

¿Qué pasará este martes? En el horizonte electoral brilla una luz de esperanza y se llama Ronald Reagan.  Tras dos años en el poder, el presidente republicano llegó a sus midterm en 1982 con tan sólo un 35% de popularidad y en medio de una recesión brutal. El paro alcanzaba el 11%. Los republicanos que ya eran minoría en la Cámara de Representantes y perdieron 26 escaños. Los demócratas se preparaban a retomar la presidencia con facilidad...

Pero dos años más tarde, el panorama había cambiado completamente, Reagan fue reelegido, arrasando en las urnas frente a Walter Mondale, ganando su puesto en el panteón conservador, gracias a un mensaje ideológico de esperanza con una 'nueva mañana para América' y sobre todo por una potente recuperación económica.

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