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Beccaria supera la 'filosofía del batacazo'

La autora presentó ayer ‘El arte de perder’, Premio Azorín de Novela 2009

GUILLAUME FOURMONT

Relacionar razón y pasión es un peligro. Marea sólo recordar aquellas interminables clases de filosofía, pero en este caso, para entender por qué Lola Beccaria, Premio Azorín de Novela 2009, escribe para enamorarse (o no), ayuda hablar de Platón. "El cuerpo es la prisión del alma", dijo el pensador griego. Concluimos: la pasión es fruto de la imaginación y no de la razón, es una ilusión, un engaño. "Lo que no me gusta de las relaciones es que son una estafa", aseguró ayer la escritora gallega al presentar su última novela, El arte de perder (Planeta).

Beccaria (Ferrol, 1963) no se atreve a condenar todas las relaciones sentimentales, sino las nacidas en Internet. El arte de perder narra la historia de Sara, que a sus 40 años sueña con encontrar -por fin- el amor de su vida. Gracias a un portal, conoce a Enzo; tras una lluvia de e-mails y SMS, se obsesiona con él; ella disfruta de su relación virtual.

Resulta imposible no identificar a Beccaria con la protagonista del libro. Lo confirmó la propia autora: "Hace un par de años, toqué fondo. Mi hermano murió en un accidente, mi padre también y luego mi madre falleció. También pensaba haber encontrado el amor, el único, aunque él no quiso". Pero Beccaria no tiró la toalla. No se esperaba menos de una lingüista de la Real Academia Española, aunque es precisamente "la obsesión de la sociedad por el éxito" lo que la obligó a escribir.

Nada de grandes filósofos para explicar lo que le pasó por la mente. Ante el dolor, cuando a la razón le cuesta expresarse, mejor dejar hablar a las pasiones. Hegel contradijo a Platón: "No se hace nada grande en el mundo sin pasión". Beccaria, ella, lo llamó "la filosofía del batacazo". "Cuando llega el momento en el que queremos abandonar, pero es perdiendo una y otra vez como podemos conseguir nuestra meta", definió ayer la ganadora del Premio Azorín.

Sara, la protagonista de El arte de perder, no quiere abandonar a Enzo, que parece uno de esos hombres que ella denomina "GODOS" (Gastronomía, Ópera, Dinero y Ordinariez). Para entender a Sara, Beccaria se apuntó a una página Internet de encuentros sentimentales. "Mi seudónimo es Inventora, aunque no habría debido decirlo", lanzó la gallega antes de afirmar que ya cerró su cuenta.

Y, claro, tuvo sus encuentros a ciegas, a sus propios Enzos. El primero que le tocó fue un controlador aéreo; tomaron un café, almorzaron, nada más. Aunque "un día me llamó una mujer y me aseguró que ese hombre era un estafador, que era su novio y que salía con 10 mujeres conocidas en Internet", recordó con humor Beccaria. Todo era una ilusión. Volvemos a Platón.

La escritora concluye: "Internet permite a las personas reinventarse, ser otras personas". Según ella, "ese es precisamente el problema, porque, si sólo fuera un invento, no habría problemas, pero en este caso, hay sentimientos y se puede hacer daño". Y se planteó: "Si son capaces de ser otros en Internet, ¿significa que no se dejan ser lo que realmente son?" No se atrevió a citar -y con estas palabras se da por concluida la clase de filosofía- a Arthur Rimbaud: "Yo es otro".

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