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Benjamin Biolay, la cara más rock de la chanson

Inspirado por Serge Gainsbourg y Chet Baker, el músico francés presenta 'La Superbe', su quinto disco de estudio  

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En la Francia de Baudelaire y Rimbaud, los poetas malditos también son músicos. Benjamin Biolay (Villefranche-sur-Saône, 1973) es de esta generación que creció con las rimas de Serge Gainsbourg, la voz de Morrissey y la trompeta de Chet Baker, perfecta mezcla para expresar la melancolía de un músico más conocido en el extranjero por ser el ex de la actriz Chiara Mastroianni.

Sin caer en los prejuicios de la típica imagen del artista torturado, del músico maldito, Biolay lo da todo en su quinto disco, La Superbe, un doble que, algo inspirado de Historia de Melody Nelson de Gainsbourg, suena a ópera urbana.

Benjamin no es una persona a la que guste madrugar. Son las 12 del mediodía, en un hotel de Madrid, y aún le cuesta mantenerse despierto. Hasta ahí, todo coincide con la imagen del atormentado: chaqueta y botas de cuero negro, vaqueros, un cigarrillo siempre encendido entre los dedos... Y ojeras.

Tanto Baker como Gainsbourg fueron juzgados por sus excesos, aunque su música los hizo olvidar. Precisamente esta es su pretensión con este trabajo que sale a la venta el próximo día 19. 'Viví momentos duros en mi vida: he dejado a mujeres, cambiado de casas y de amigos, pero nunca dejé ni dejaré la música', dice.

«Viví momentos duros en mi vida, pero nunca dejé la música»

La Superbe es un ambicioso doble disco que, si se escuchan con atención las letras, tiene un principio y un final. 'Es un disco épico, un ciclo de canciones que abre con una secuencia, el tema que da el título al disco, y finaliza con los créditos del álbum, la vida de un personaje que podría ser yo durante un mes de verano. Hay una historia, una relación que acaba por no funcionar. Todo es personal, pero nada es autobiográfico', explica.

El primer tema, La Superbe, que da su nombre al álbum, se parece a un arranque de ópera clásica, y rápidamente Biolay hace un repaso por los grandes estilos musicales: Tu es mon amour recuerda a los cantos sensuales de la Francia de los años sesenta; La Toxicomanie es un pequeño homenaje a Chet Baker; Ton héritage es puro rock de los noventa...

Antes de ser un intérprete de la chanson, Biolay es sobre todo el compositor y el productor de grandes nombres del país vecino, como Julien Clerc una especie de Julio Iglesias menos ingenuo, Juliette Gréco 'la musa de los existencialistas', como la llamaba la prensa de los cincuenta, la voz de Léo Ferré y Jacques Prévert, o Carla Bruni demasiado famosa primera dama de Francia desde que colgó su melancólica guitarra. Esta diversidad se expresa en La Superbe.

Problemas con la discográfica

«Cuando un sello discográfico te bloquea, debes buscarte la vida»

Para llegar a este resultado, Biolay necesitó tres años encerrado en un apartamento 'alquilado con mi propio dinero, porque no había nadie para joderme, ningún sello discográfico para molestarme'.

Para un anterior álbum, Négatif, había tenido que soportar la presión comercial y renunciar a un disco doble. La Superbe es una especie de venganza, una afirmación de identidad como artista.

'Cuando un sello te bloquea, llega un momento en el que tienes que buscarte la vida', añade. Afortunadamente, el sello no le abandonó y sus giras funcionan muy bien.

Biolay habla de una 'relación distante' con la música para explicar sus 'arrebatos' de creatividad. 'Puedo estar tres meses sin tocar, pero cuando siento que me hierve la sangre, desaparezco', explica entre dos caladas. Casi se esconde detrás de su chaqueta, como si estar sentado para hablar de su música le molestara. 'Soy más persona de noche', recuerda.

Otra referencia en la música y en la vida personal de Benjamin es la persona de Morrissey, el cantante de The Smiths: 'Con mi grupo en el instituto, nuestro objetivo era imitarle'. También admira mucho el trabajo de Bruce Weber. '¡La película Lets Get Lost sólo se estrena ahora en España!', exclama, 'es la base de todo'.

El cantante también fue el compositor de Carla Bruni

Un músico de la chanson, que sea maldito o no, siempre debe apuntar donde más duele. Es cuestión de tradición en la música francesa. Las canciones de Biolay no son tristes, sino 'melancólicas'. Hablan de amores nuevos y perdidos, 'según una narración bien construida, por eso no definiría La Superbe como un álbum, en el sentido técnico de la palabra'.

Y claro, no faltan las referencias políticas. En la canción Sans viser personne, Biolay canta: 'Ya no creo en nada / Ya no creo en la izquierda, esa banda de moribundos / Sin apuntar a nadie...'. Y lanza: 'La prensa francesa sólo habla de Berlusconi y nos reímos cuando se critica a Sarkozy. Parece que es una broma. Pues, él es una broma seria y nada divertida'.

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