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Camilo de Ory reconoce que "la poesía me obliga a utilizar trucos sucios y artimañas"

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Camilo de Ory, ganador del Francisco Villaespesa con "Por qué sólo beso a las estatuas" (Renacimiento), ha dicho a Efe: "la poesía es como una chica más guapa que yo a la que no tengo claro que vaya a poder conquistar; eso me obliga a usar con ella todo tipo de trucos sucios y artimañas."

Poeta roquero, articulista, autor de libros de cuentos, sobrino nieto del poeta Carlos Edmundo de Ory, a quien no conoce personalmente, Camilo de Ory declara sin aparente frustración: "Yo lo que quería era ser estrella del rock; estuve en grupos abominables y en otros más dignos; algunos de los granujas con los que coincidí han hecho carrera y ahora dominan el mundo."

De Ory ha evocado su paso del rock a la poesía diciendo que por entonces usaba "guitarras prestadas y amplificadores infames", pero era demasiado joven para darse cuenta "de lo mal que sonaba todo".

"Hice un par de canciones muy pegadizas, pero el cantante les cambió la letra porque le daba vergüenza decir aquellas cosas".

Pese a lo cual el poeta no descarta recorrer el camino inverso, de la literatura al rock: "Ahora tengo un buen equipo, he aprendido a tocar y me queda mucho pelo, así que no descarto volver a intentar algo en ese campo; a ver si lío a algún amiguete y nos llevamos de calle a la nueva generación de 'groupies'."

"Empecé a escribir poesía por dinero; yo ya colaboraba en prensa y un día me llamaron desde un centro cultural proponiéndome una lectura; por el apellido, dieron por hecho que era poeta, y, como pagaban trescientos euros, no pude decir que no, y me puse a escribir versos para la ocasión, como un loco", ha recordado.

"En la lectura estaba todo el mundillo literario local, y yo recité la serie más abominable de ripios que jamás se ha oído, pero aplaudieron mucho; después empecé a salir por ahí con los poetas de la generación inmediatamente anterior a la mía, y ya no me quedó otro remedio que seguir con el género, para no parecer un insensible a su lado", ha evocado, no sin cierta ironía.

De estas declaraciones suyas, se deducen las siguientes: "Aún me veo como un intruso en ese mundo; me considero un prosista que, eventualmente, escribe versos; con la prosa, el resultado de mi trabajo se suele parecer bastante a lo que quería hacer en un principio, creo que con los años he adquirido un cierto oficio."

Sobre "Por qué sólo beso a las estatuas" ha señalado: "en este libro me veo más reflexivo que en otros, creo que ahora intento explicar las cosas, explicármelas, además de retratarlas; es un mal negocio, porque la mayor parte de las preguntas que uno se hace tienen respuestas absurdas, si las tienen."

El premio Villaespesa le hace especial: "en el jurado estaban algunos de los escritores a los que más admiro y porque lo publica Renacimiento, que ha preparado una edición estupenda. Además está el dinero, que asegura al ganador que subsistirá durante el año siguiente".

Con los 6.000 euros del Villaespesa, De Ory se asegura "un año de subsistencia" porque, ha explicado, "uno vive de las colaboraciones en prensa y en revistas y, sobre todo, de los talleres literarios, aunque recomiendo a los interesados que tengan mucho cuidado con los cursos a los que se apuntan, porque hay mucho jeta suelto."

"La primera experiencia que tuve con los talleres fue terrorífica me obligaban a dar temas como 'La poesía erótica' o 'El papel del cuerpo en la poesía', para que veas por dónde iban los tiros", ha añadido.

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