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Cataratas, ADN y una confesión

Tres pruebas claves en el juicio por el crimen de Fago

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In dubiis reus est absolvendus. En caso de duda, el reo es absuelto. Esta leyenda en latín aparece en una de las vidrieras que adornan la única sala de vistas de la Audiencia Provincial de Huesca. Está situada a la espalda del lugar en el que, desde el pasado lunes, se sienta a diario Santiago Mainar, acusado de haber asesinado al alcalde de Fago, Miguel Grima. Él no la ve. Los tres magistrados que componen el Tribunal que lo juzgan, sí. Sin embargo, las cinco primeras jornadas del juicio por aquel crimen cometido la noche del 12 de enero de 2007 ya han despejado muchas de esas dudas.

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La primera de ellas, la validez o no de la principal prueba de cargo contra el guarda forestal: su declaración autoinculpatoria de más de cuatro horas realizada el día de su detención. Mainar intentó en la primera sesión de la vista restarle valor. Aseguró que la hizo por 'altruismo', para quitar presión a los vecinos del pueblo. Y trató de justificar que incluyera en la misma detalles que sólo podía conocer el autor del crimen. Para ello, repartió culpas entre una supuesta falta de discreción de los guardias civiles que lo arrestaron y las revelaciones de los medios de comunicación.

Un argumento que se ha demostrado endeble. Primero, porque los testimonios de los numerosos agentes que participaron tanto en la detención como en la toma de aquella declaración han negado tanto que se le facilitasen datos como que se orientara el sentido de su confesión. Un hecho apoyado por la presencia en dicha confesión de una abogada de oficio y de una agente judicial. Además, el capitán de la Guardia Civil que dirigió la investigación recordó en la vista que en su día hicieron un informe a petición de la jueza donde quedaba claro que la prensa nunca mencionó ciertos detalles que sí había incluido Mainar en su declaración.

Tres médicos creen que el defecto visual no impedía disparar a Mainar

Dos fueron las pruebas objetivas que llevaron a la Guardia Civil a detener a Santiago Mainar el 2 de febrero de 2007: los restos de ADN encontrados en el coche de la víctima y los residuos de disparos hallados en las manos del guarda forestal. La huella biológica fue ratificada durante la vista por dos peritos de la Guardia Civil, que recordaron que en el automóvil apareció sangre y otras huellas biológicas que correspondían a Mainar, sin ningún género de duda. El guarda forestal había intentado justificar este hecho durante la instrucción del sumario asegurando que en una ocasión había tenido que conducir el coche del alcalde. Durante el juicio, elevó por sorpresa a tres las veces que se había puesto al volante del vehículo de Grima. La última, la misma tarde del crimen. Sin embargo, la viuda de la víctima, Celia Estalrich, echó por tierra ese argumento al asegurar que su marido, al que ya habían saboteado otro vehículo, nunca dejaba el coche al alcance de nadie.

Peor parada salió la mal llamada prueba de la parafina, un estudio de las manos y el rostro del acusado que buscó residuos de disparos. La prueba resultó positiva, pero los propios expertos de la Guardia Civil reconocieron durante la vista que no se podía descartar que dicho hallazgo fuera una 'contaminación' consecuencia de haber tocado un arma o, simplemente, cartuchos. Mainar había declarado el lunes que, por su trabajo, no era extraño que tuviera que recoger los cartuchos abandonados por los cazadores.

La defensa ha esgrimido que las cataratas que sufre Mainar en su ojo izquierdo le impiden ser el autor del certero disparo que acabó con la vida del alcalde. Sin embargo, y a falta de la declaración del perito propuesto por su letrado, dos forenses y el oftalmólogo que le operó del otro ojo han coincidido en señalar que a los aproximadamente siete metros de distancia que se encontraban víctima y asesino cuando se produjo el disparo, el guarda forestal podría distinguir perfectamente quién estaba enfrente.

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