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La caza del último 'bandolero'

El seguimiento a su novia adolescente llevó a la Guardia Civil a la guarida del nuevo 'Lute'

Ó. LÓPEZ-FONSECA

Para la Guardia Civil se convirtió en un reto: detener al último bandolero, al individuo que había conseguido atemorizar a punta de escopeta a los habitantes de los pueblos de la Sierra Margarita, en el Parque Natural de Grazalema (Cádiz), en cuyos agrestes parajes se ocultaba desde hacía, al menos, dos años y medio. Eran esos vecinos que sufrían sus andanzas, pero no denunciaban por miedo, los que lanzaban a los agentes la pregunta que les espoleaba: "¿No podéis con El Lute o qué?".

El Lute no era El Lute. O, mejor dicho, no era el que todo el mundo conoce, Eleuterio Sánchez, aquel quinqui del tardofranquismo. Era en realidad Antonio Manuel Sánchez Corral, un delincuente habitual de 40 años con antecedentes en Toledo, Sevilla y Oviedo, donde un juzgado ordenó en 2007 su busca y captura para que cumpliera 5 años de prisión por un robo con violencia. El mote de El Lute se lo pusieron sus víctimas por su afición a refugiarse en el monte.

Muchas víctimas no denunciaban los robos por el temor que le tenían

La investigación que desembocó en su captura se inició el 8 de enero, día del asalto a una gasolinera de la zona en el que el autor, vestido con ropa de camuflaje, había golpeado con una escopeta en el rostro al encargado y había efectuado dos disparos para amedrentar a los testigos. El ladrón se llevó la recaudación y una linterna.

Las primeras pesquisas permitieron a la Guardia Civil no sólo identificar al autor del robo, sino también relacionarle con dos sucesos acaecidos meses atrás. El primero, de septiembre de 2009, había tenido como víctimas, precisamente, a dos agentes del Instituto armado, a quienes encañonó por la espalda cuando iban a registrar un chamizo de la sierra que sospechaban pertenecía a un cazador furtivo. El segundo, en diciembre de 2010, cuando un senderista denunció que un sujeto le había apuntado con una escopeta simplemente porque le miró a la cara.

Su joven pareja se reunía todos los fines de semana con él en su guarida

Con estos datos, y convencidos de que el fugitivo mantenía relación con su familia, asentada en el pueblo de Benamahoma, los agentes empezaron a vigilar a los miembros de ésta hasta que poco después decidieron centrar sus esfuerzos en la sobrina de Antonio Manuel, una adolescente de 14 años con la que supuestamente mantenía una relación sentimental y que desaparecía de la localidad todos los fines de semana.

En uno de esos seguimientos, los guardias civiles pudieron observar como la menor era recogida en la sierra por un individuo. Era El Lute. Aquel encuentro permitió localizar el lugar donde el fugitivo se escondía en dos tiendas de campaña, apartado de los caminos transitados y que no era visible para los helicópteros que rastreaban la zona. Finalmente, el 15 de abril, a las siete de la mañana, 70 agentes rodeaban la guarida y lo detuvieron. No fue fácil. Tres perros de presa que Antonio Manuel había adiestrado le alertaron de la presencia de extraños y tuvo tiempo de coger su escopeta, cargada con cinco cartuchos, y huir desnudo campo a través. No llegó lejos, aunque cuando varios agentes se abalanzaron sobre él, se arrojó por un barranco de más de tres metros de altura y arrastró con él a dos de ellos.

"Os voy a matar a todos cuando me escape", les amenazó con las esposas ya puestas. Antonio Manuel opuso en todo momento resistencia e, incluso, se autolesionó en el vehículo en el que fue trasladado a la Comandancia de Cádiz. Ya en los calabozos, destrozó las cámaras que grababan su celda e, incluso, amenazó a la abogada de oficio que fue a asistirle.

Tenía en en el monte 23 plantas de marihuana regadas por goteo

En la guarida, los agentes encontraron a la menor y pruebas de la participación de El Lute en el asalto de la gasolinera, entre ellas la linterna que robó, cuatro machetes y dos hachas. También hallaron un corral con gallinas y un chivo, todos robados, cepos para cazar y una canalización artesanal para llevar el agua de un arroyo al riego por goteo de 23 plantas de marihuana. "Vivía como un animal", recalcó a este diario un agente que participó en la caza del último bandolero.

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