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"César Vidal y Pío Moa proponen un revisionismo desde el odio"

Carlos Fonseca, periodista y escritor, es autor de 'Tiempo de Memoria'. Propone "recuperar la dignidad de la gente anónima que perdió la guerra"

VÍCTOR CHARNECO

Encandiló al público con el drama de las Trece Rosas Rojas fusiladas al final de la Guerra Civil y ahora quiere que conozcan la historia del cabo José Rico Martín, fusilado por planear un atentado contra el general Franco el día después de la sublevación. El periodista y escritor Carlos Fonseca (Madrid, 1959) regresa a las librerías con una nueva novela, Tiempo de Memoria (Temas de Hoy), para seguir contando las pequeñas historias de aquel tiempo.

¿Que interés le movía en esta historia?

Me interesan mucho la Guerra Civil y la posguerra, sobre todo desde el punto de vista de la gente anónima. La Historia se ha ocupado de los grandes protagonistas, pero también hay muchos pequeños personajes, como este cabo que quiso matar a Franco, que merecen un hueco en los libros.

¿Cómo hubiera cambiado la Historia de España si el protagonista de su novela hubiera tenido éxito?

La Guerra no habría cambiado sustancialmente. La República no podía ganar sin la ayuda de Francia e Inglaterra, que se la negaron. El hombre llamado a liderar el golpe era el general Sanjurjo, que se mató, y el director era Emilio Mola, muerto también. Franco tuvo la habilidad de colocarse el primero de la fila y de ser elegido, no sólo jefe militar, sino jefe del Estado. Si le hubiese matado el cabo Rico, habría habido otro Generalísimo. Lo único que hubiera podido cambiar hubiera sido la posguerra.

¿En qué sentido?

Es posible que la inquina y el odio que Franco tuvo con los perdedores no hubiera sido igual con otro jefe militar. Y, como muchos de los generales rebeldes eran monárquicos, es probable que la transición hacia una monarquía hubiera sido más rápida.

El cabo José Rico era de Monleras, un pueblo de Salamanca: ¿qué ocurrió allí tras su detención y fusilamiento?

Salamanca estuvo desde el comienzo en zona nacional, así que casi no hubo resistencia, y lo que prevaleció fue el miedo. Delatar a un vecino era garantía de que uno era afecto al nuevo régimen. La familia de Rico pasó a estar proscrita e, incluso, a su hermano Santiago le movilizaron con 17 años las tropas nacionales y lo mandaron al frente de Madrid, a primera línea, donde murió.

El personaje de Ernesto, el profesor que investiga la historia del cabo, asegura en un pasaje que "pasar página es equiparar a víctimas y verdugos".

Él me sirve para reivindicar la necesidad de recuperar la memoria y la dignidad de tanta gente anónima que perdió la guerra y en muchos casos está enterrada en cunetas o en fosas comunes. Hay una idea, sobre todo por parte de la derecha, de que recuperar estos hechos es abrir heridas y justifican el olvido en que los dos bandos cometieron atrocidades. Y siendo en parte verdad, no conviene olvidar que unos se levantaron contra el poder legalmente constituido de la República, y otros lo defendieron.

Y la represión no se detuvo con el fin de la guerra.

Los vencedores pusieron en marcha desde la guerra un plan de aniquilación del enemigo que se prolongó durante los 40 años de dictadura. No hay que olvidar, por ejemplo, que al dirigente comunista Julián Grimau se le condenó y fusiló en el año 1963 por delitos de guerra.

Hay otro personaje de la novela, un teniente, que dice que la Memoria "sólo es la de los rojos"...

Sí, es la teoría de quienes sostienen que la recuperación de la Memoria habría que hacerla en los dos bandos; pero es que en el de los vencedores se ha hecho desde entonces con placas de recuerdo, libros que glosan sus figuras... Esa memoria está recuperada, pero no digo que no se siga haciendo, aunque yo me siento más cercano a los vencidos, con quienes todavía no se ha hecho justicia. La Ley de Memoria Histórica es para todos, pero la memoria que está pendiente de recuperar es la de los vencidos.

¿Es una ley necesaria?

Sí, pero es claramente insuficiente. Estoy a favor de que se anulen todos los sumarios instruidos en aquella época y que sólo sirvieron para justificar penas de muerte o largos años de prisión. La Ley de Memoria Historia se queda muy corta, pero es mejor que nada.

¿La polémica abierta con esta ley amenaza, como dicen algunos, el espíritu de la Transición?

La Transición fue posible por la generosidad de la izquierda, no de la derecha, aunque posiblemente en 1975 la principal prioridad era asentar el sistema democrático. No se pueden abrir heridas que no se han cerrado. Nadie pide un ejercicio de revancha, sino un reconocimiento moral.

«Uso político»

¿Cree que se ha politizado esta recuperación?

Ha habido un uso político por parte de la derecha, en la que hay sectores que se dan por aludidos cuando se critica a la dictadura y el franquismo como si se sintieran sus herederos. Lo que sí es cierto es que hay políticos y pseudoperiodistas que son auténticos propagandistas del enfrentamiento, y una mentira repetida muchas veces termina por convencer a algunos.

¿Cree que está bien contada la Guerra Civil?

La guerra se puede contar de muchas maneras. Desde la investigación histórica, desde la ficción de la novela, desde el relato periodístico e, incluso, a través del cine y el teatro. Cualquiera de estas miradas es válida si se hace desde el rigor y la búsqueda de la verdad. Desgraciadamente hay pseudohistoriadores, como Pío Moa y César Vidal, que manipulan y proponen un revisionismo desde el odio y la revancha.