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Entre el cielo y la horca

El Centenario de Montevideo decide si Messi y Maradona se clasifican para el Mundial. Los hinchas uruguayos, que viven la fiesta, agotaron sus entradas y los argentinos, desencantados, apenas retiraron unas cuantas

CARLOS SALGADO

Pobres corazones, lo que les espera. Las unidades coronarias tendrán trabajo en ambas orillas del Plata. El calendario marcó que el último partido de la clasificación para Suráfrica sea el clásico del Río de la Plata, uno de los más antiguos. Basta recordar que la final del primer Mundial fue Argentina-Uruguay, en 1930. Y hoy se jugará la final para comprar el billete por una plaza en el de 2010.

La celeste charrúa llega en medio de una euforia algo desmedida: nadie esperaba el heroico triunfo en la altura frente a Ecuador. Las entradas para ver al equipo uruguayo se agotaron en pocas horas. Como siempre en estos casos, a precios prohibitivos: "No comeremos un par de días", declaró una pareja joven al ver los precios. Y se fueron con sus entradas felices y soñando. "Bueno, es una vez en la vida", dijo otro antes de pagar las suyas. Hay mucha ilusión en la banda oriental: la celeste no acude al Mundial desde 2002. Es un abonado a la repesca: para Corea-Japón, se clasificó venciendo a Australia, otro miembro del club. La historia se repitió para Alemania 2006, con final inverso.

Y así como los uruguayos agotaron las entradas, en Buenos Aires, después de seis horas abiertas las taquillas, se habían vendido apenas 15. Iné-dito en la historia de la afición argentina. Basta pensar que viajaron unos 10.000 aficionados al Mundial 2006. O los 7.000 boquenses que llegaron a Tokio para la final Intercontinental 2000, que ganaron al Madrid con aquellos goles de Palermo. Nadie lo quiere decir, pero algo se ha roto en la relación de la afición con Maradona y el equipo.

A los 35 minutos del horrible segundo tiempo contra Perú y cuando el marcador era aún favorable a la albiceleste, el público del Monumental comenzó a agraviar al equipo con cánticos hirientes, de esos que duelen de verdad. En la rueda de prensa, se vio a un Maradona aliviado por el agónico triunfo, pero algo triste y extrañamente terrenal. La primera pregunta se refirió a los cánticos: Diego los minimizó, limitándolos a los hinchas de River, sus eternos enemigos.

Pero quien estuvo la noche de los fantasmas en el Monumental sabe que todo el estadio explotó en forma unánime por la impotencia que mostraba el equipo, por el temor que transmitieron los cambios. Especialmente cuando quitó a Higuaín para colocar al central Demichelis de lateral derecho en una nueva muestra de improvisación. Y la gente explotó. Aún no había empatado Perú. Si San Palermo no hubiese aparecido, nadie sabe cómo hubiese terminado la noche.

Argentina tiene grandes posibilidades de clasificarse, a pesar de todo. Le favorecen casi todos los resultados: ganando o empatando va directa. Y si pierde, sólo si Ecuador gana en Chile quedaría afuera. Sin embargo, el ambiente es patético: el último rumor de la prensa amarilla es que Diego no se habla con Messi. ¿Pruebas concretas? Hasta hoy, ninguna. Es más, critican a Messi asegurando "que no juega como en el Barça, porque no le pagan como en España". Y pide que lo quiten.

Pero Diego, que según el amarillismo "no le habla", tampoco lo quita. Pelea rara, sin duda. Se anuncia la vuelta de Verón por Aimar. Lo que está claro es que clasificándose o no, habrá mucho para replantear de cara al futuro en el cuartel argentino. Y en algo coincidirán argentinos y uruguayos: será en prenderle velas al Chile de Bielsa, que ha demostrado ser uno de los mejores técnicos del mundo.

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