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Los cimientos para una Tercera

Historiadores y analistas consideran que sólo el desprestigio de la monarquía y el desarrollo del compromiso democrático propiciarían la llegada de la República

IÑIGO ADURIZ

La monarquía se quedó sin el respaldo de la clase política, que se sintió traicionada por el apoyo del rey Alfonso XIII a la dictadura de Primo de Rivera. Existían enormes diferencias entre clases, y la trabajadora seguía sin tener el amparo de las instituciones y de los poderes públicos. Además, proliferaban las fuerzas políticas de tendencia republicana con independencia de su ideología. Las había de izquierdas y de derechas.

Ese fue el caldo de cultivo que culminó, hace hoy 81 años, con la proclamación de la Segunda República Española. Tras cinco años de reformas, un golpe de Estado fascista y una cruenta Guerra Civil acabaron con el régimen democrático, instaurándose una dictadura que duró cuatro décadas. Llegó posteriormente la Transición, con el acuerdo de convivencia que supuso la instauración de la monarquía, hoy consolidada.

El debate entre monarquía y República ha vuelto a recobrar fuerza tras los últimos escándalos que han salpicado a la Jefatura del Estado, y ante la sucesión del cabeza de familia que se prevé en el medio plazo. La histórica opacidad de las cuentas de la Casa Real –rota el pasado diciembre tras 32 años de total secretismo–, los más de ocho millones del erario público que recibe Juan Carlos de Borbón en plena crisis económica y, como colofón, el estallido del caso Urdangarin han situado a la monarquía en su peor momento, y así se refleja en la percepción que de la misma tienen los ciudadanos (ver gráfico inferior).

¿Son todos esos factores determinantes para la llegada de la Tercera República? ¿Qué situación social podría culminar con su proclamación? Público.es ha charlado sobre esas cuestiones con historiadores, sociólogos y politólogos. Los primeros, conocedores del panorama que condujo la instauración de la Segunda el 14 de abril de 1931. Los demás, observadores y relatores de la situación actual. Sus discursos confluyen en una misma idea: nada hace pensar que el modelo de Estado vaya a sufrir modificaciones en los próximos años.

"El descrédito total de la monarquía, que no dejara sitio para otra alternativa", sería determinante a juicio del historiador hispanista Ian Gibson, para la llegada de la Tercera. Pero también sería imprescindible, a su juicio, que se pusiera en marcha "una profunda rectificación en la enseñanza secundaria que permitiera un conocimiento satisfactorio de la historia española a partir de las Cortes de Cádiz, algo que en este momento no existe en absoluto".

En su tesis coincide, en parte, Ander Gurrutxaga, catedrático de Sociología de la Universidad del País Vasco, que cree que la única opción para la República sería que la monarquía "no cumpliera con los requisitos que se le exigen", y que se concretan en su función vertebradora de la convivencia tras el final de la dictadura. "Un mayor nivel de erosión social", cita como posible revulsivo el profesor de la Universidad Complutense y miembro de Izquierda Anticapitalista Jaime Pastor.

Un cambio social más profundo. Una verdadera revolución de la actitud y el pensamiento de los ciudadanos resultaría decisiva para el cambio de régimen a juicio de la profesora de la Universidad Complutense Mirta Núñez, la abogada Cristina Almeida, y el exmagistrado del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín. La primera considera clave el "concepto de ciudadanía participativa". "Los españoles participan muy poco de lo público, hay muchas personas que tienen epidermis córnea con lo público", afirma. La evolución de ese sentimiento ciudadano sería determinante para la proclamación de la República.

"Hay tan poca información que no es posible la alternancia", reconoce Almeida, que para su llegada cree imprescindible un "ajuste de valores" desde el punto de vista "democrático, ciudadano, cultural, de percepción de las luchas y de conciencia de derechos". "Hay miedo a lo inmediato y eso hace que la gente no perciba la necesidad de una mayor democracia", añade.

Es la misma tendencia a la que apunta Martín Pallín, que cree que la República llegará cuando se considere "el valor de los derechos y de las libertades" por encima de cualquier comportamiento social" y, sobre todo, por encima del "conformismo, el pesimismo y el miedo" que, según él, imperan en la actualidad. 

¿Pero está preparada la sociedad española para un cambio de régimen? "Estamos en un momento de extrema exigencia. Se está desmontando la democracia, estamos yendo para atrás", lamenta Almeida. Pero precisamente por eso, "porque vamos más hacia un régimen dictatorial que hacia una mayor democracia", la exdiputada de IU considera que "va a haber una reacción en favor de las conquistas democráticas", que podría ser "el nacimiento de una nueva forma de Gobierno" y de la profundización en derechos y libertades. 

Ian Gibson cree que la llegada de la República no es previsible "ni a corto ni a medio plazo". "El país padece una profunda amnesia, una amnesia secular, que impide el progreso. Y la derecha inmisericorde que tiene España, y su Iglesia, son una auténtica ruina para su avance", afirma. Gurrutxaga llama la atención a la ausencia de un debate relevante entre la ciudadanía. "No es un tema que remueva conciencias", reconoce. Destaca, además, "la capacidad de reciclaje interno" de la monarquía, a pesar de los contratiempos que le salpican en los últimos meses. 

"No hay un fervor monárquico", añade Núñez. Lo que sucede, en su opinión, es que "la gente quiere la paz", y el franquismo "hizo una buena propaganda ligando esa paz al progreso individual", lo que infunde, además, "el miedo al cambio". Martín Pallín señala que la instauración de la Tercera "no es imposible", y que todo dependerá de "la reacción que tengan la sociedad española y la europea frente a la crisis".

Para que la alternativa a la monarquía parlamentaria cuajara "tendría que estar promovida por un bloque social más plural", según Pastor. Que al 15-M, que ya reclama la República, se unieran todos los partidos de izquierda, los socialdemócratas y el movimiento sindical. Hasta entonces, seguirán las movilizaciones ciudadanas puntuales, como las que tendrán lugar esta misma tarde en diferentes ciudades del Estado.


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