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La competición se tiñe de protesta verde

Los directores de Irán aprovecharon la jornada para pedir paz y democracia en su país

SARA BRITO

Los directores iraníes presentes en el festival (en la imagen Hana Makmalbaf) se concentraron ayer para protestar contra la represión del régimen de Mahmud Ahmadineyad. Portaban una pancarta con el lema "No queremos la bomba nuclear, por la democracia en Irán".

Los directores iraníes congregados en San Sebastián están que trinan con la última intervención de Mahmud Ahmadineyad en la Asamblea General de Naciones Unidas. A mediodía de ayer, la estampa por fuera del Kursaal era verde. La comitiva iraní sacó bufandas y unas cuantas pancartas, minutos antes de la proyección en la sección Zabaltegi de Green Days, de Hana Makhmalbaf, una película urgente que la directora de 21 años realizó durante los días previos a las elecciones iraníes.

Los directores de Irán pidieron paz y democracia en su país

"No queremos la bomba nuclear, por la democracia en Irán", se leía en una pancarta que portaban, entre otros, Samira Makhmalbaf hermana de Hana, el director Bahman Ghobadi y Mohammad Rasoulof, realizador de The White Meadows, acompañados del director del festival Mikel Olaciregui. "El gobierno y el pueblo son dos cosas distintas en Irán, necesitamos auténticos cambios", dijo Ghobadi.

Horas antes, Javier Rebollo había hecho un guiño político más sutil en La mujer sin piano. El filme, protagonizado por Carmen Machi, cuenta un día y una noche en la vida monótona de una mujer casada, que escapa y emprende por las calles de Madrid su particular intentona de rebelión. El día escogido no es uno cualquiera, sino la fatídica jornada de 2003 en la que el cuarteto de las Azores decidió embarcarse en la guerra de Irak.

Rebollo decía ayer al respecto: "La foto de las Azores pueden servir de contraste: hacen que los personajes parezcan todavía más insignificantes comparados con el devenir de la Historia. Por otro lado, funciona de metáfora política", detalló, antes de añadir que "el cine español está desconectado de la Historia".

La mujer sin piano narra la historia de una mujer que intenta rebelarse

Más allá de la lectura política, La mujer sin piano es una película sobre la soledad con una propuesta formal que apuesta por aquello del menos es más. Rebollo sostiene que no hace cine intelectual, que el suyo es cine sensual porque siempre parte de imágenes. En esta ocasión la chispa surgió cuando vio a una mujer caminando sola y con dos maletas a cuestas cerca de la Estación Sur de Autobuses de Madrid, un lunes laborable y en plena noche. "¿Quién será?", se preguntó el director.

La respuesta la moldea Rebollo con silencios y pausa y un rigor que le lleva a contar la película en dos colores (el verde hospital y el marrón oscuro, tonos eficaces para las atmósferas deprimentes). Los parentescos del filme apuntan hacia la tragicomedia a lo Aki Kaurismaki. ¿Cine críptico? "No, es extraño porque la noche siempre produce extrañeza", apuntó.

Como gesto político, White Meadows podría llevarse algún premio

El otro filme en competición, el turco 11e 10 kala, recurre también a un personaje solitario un viejo coleccionista con brotes de síndrome de Diógenes, que resiste a la demolición del edificio donde vive y entabla amistad con el portero, de inquietudes opuestas a las suyas.

El filme, que provoca cierta sensación déjà vu respecto a la ganadora de la Concha de Oro del año pasado, puede tener su interés: están bien ciertos apuntes sobre la memoria, pero la resolución es tediosa. Como previsible gesto de apoyo político tras el teñido de verde del festival, no hay que descartar que White Meadows, de Mohammad Rasoulof, rasque algún premio, a pesar de que cuando se proyectó provocó indiferencia y hasta molestia.

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