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Las comuniones rozan costes de boda para mostrar más estatus que religiosidad

EFE

Las miles de comuniones que se celebran en toda España durante el mes de mayo han pasado de ser un austero acto religioso a convertirse en un evento social donde, según los sociólogos, prima más demostrar un estatus que el sentido de iniciación religiosa.

Aunque la Iglesia Católica considere que es preciso no exagerar a la hora de valorar el componente económico y social de las comuniones porque forma parte de las personas celebrar los momentos importantes de sus vidas, lo cierto es que también hace un llamamiento a la sencillez para que lo social no ahogue lo religioso.

En cualquier caso, lo cierto es que, según los datos aportados por la Federación de Asociaciones de Consumidores en Acción (FACUA), una comunión sin lujos ni estridencias, con treinta invitados y acogiéndose siempre a lo más económico puede rondar los 5.000 euros.

El presidente de la FACUA-Córdoba, Francisco Martínez, ha explicado a Efe que el banquete suele ser la partida más importante y puede alcanzar los 1.500 euros, teniendo en cuenta que hay que incluir al precio del cubierto, las "copas" de los adultos, el personal de animación para los pequeños, la tarta o el servicio.

El siguiente gasto importante son los vestidos de los protagonistas, que rondan entre los 180 y los 250 euros para los "marineritos" y los 250 y 400 euros de las niñas, un desembolso considerable para prendas que "son difíciles de reutilizar".

En materia de regalos "se acabaron las muñequitas o lo relojes" y ahora constituye otro abultado gasto, porque la moda es regalar equipos de música, consolas o aparatos electrónicos en general.

Tampoco se imagina ya una comunión sin fotos para el recuerdo, un clásico que tiene un amplio abanico de posibilidades, ya que existen desde pequeños álbumes con una decena de fotos hasta grandes reportajes más propios de una boda de adultos que de una comunión.

El coordinador de proyectos del área de investigación de Sociología del Consumo del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), Ernesto Ganuza, ha explicado a Efe que más allá de su dimensión religiosa, las comuniones se han convertido en fenómenos sociales "digno de atención".

Asegura que se sitúan en el ámbito de lo lúdico-festivo igual que ocurre con las bodas, y en función de su relevancia se valora el estatus social del individuo, lo que puede ser "un ejemplo emblemático de la sociedad de consumo".

Considera además que la dimensión religiosa pierde importancia, ya que "los padres no se plantean si es un acto acorde con sus creencias o no", y se cumple el tópico de "mi niño tiene que hacer la comunión y tengo que festejarla de acuerdo a lo que los demás esperan de mí".

También ha resaltado otro tipo de "novísimas comuniones", que son aquéllas en las que los padres organizan un evento similar con un claro mimetismo con la ceremonia católica, pero no por el rito religioso, sino sobre una base laica, en las que se aprecia "con mayor nitidez" el componente lúdico y de compromiso social.

Sobre la pérdida de importancia de la dimensión religiosa en las primeras comuniones, el delegado de Catequesis del Obispado de Córdoba, Adolfo Ariza, ha asegurado que es un hecho que se produce cuando "el entorno social ahoga al religioso".

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