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Los conservadores tienen más ventajas, pese a las críticas a su actuación económica

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Pese a las ácidas críticas a su actuación económica, los conservadores iraníes entran en las elecciones del próximo viernes con una ventaja sobre sus rivales reformistas, tras el rechazo de las candidaturas de centenares de políticos liberales.

De los cerca de 7.200 aspirantes a candidatos que se registraron para participar en los comicios, han sido aceptadas las candidaturas de unas 4.600 personas, en su mayoría tradicionalistas respaldados por la maquinaria informativa del Estado.

Los conservadores, cuya cabeza visible es el propio líder supremo del país, el ayatolá Ali Jamenei, controlan todas las instituciones de poder, además del Ejército, la Policía y los influyentes consejos de los Expertos y de los Guardianes, que tienen derecho a aceptar o descalificar a los candidatos.

Las restricciones impuestas por las autoridades, que prohíben la colocación de cualquier tipo de propagación con imágenes de candidatos sobre los edificios y los coches o en las plazas, bajo el pretexto de proteger la imagen de las grandes ciudades, es visto como otro reto a los aperturistas.

Los únicos carteles de tamaño grande permitidos por el Ministerio del Interior son los que llaman a una mayor participación de la población en las elecciones, dado que una amplia afluencia de los votantes a las urnas significará, según el régimen, un claro apoyo popular al sistema islámico.

Jamenei, el hombre que tiene la última palabra en Irán, ya ha anunciado su opinión respecto a la próxima votación, y ha invitado a los iraníes a "apoyar unidos el derecho nuclear" de Irán, tras alabar, en un discurso a finales de febrero, la política atómica del presidente ultraconservador Mahmud Ahmadineyad.

El líder supremo ha pedido, además, que los alrededor de 43 millones de iraníes con derecho a voto acudan de forma masiva a las urnas y no respalden a los candidatos "apoyados por los enemigos" de la Revolución Islámica, en alusión a EEUU.

"Los enemigos intentan hacer clasificaciones entre las fuerzas de la revolución al dividirlos en reformistas y conservadores (..) según esta clasificación, los que creen en los principios del sistema islámico son conservadores", decía Jamenei antes del inicio de la campaña electoral.

Pese a todo, los comentaristas descartan una victoria abrumadora de la corriente tradicionalista debido al fracaso de ésta a cumplir con sus promesas tras la derrota de los moderados en los comicios de 2004, que allanaron el camino para la victoria de Ahmadineyad en las presidenciales del año siguiente.

Aunque no se han elaborado encuestas antes o durante la campaña electoral, que comenzó el pasado día 6, los analistas no descartan que los reformistas consigan el viernes aumentar el porcentaje de su presencia en la Cámara del actual 20 al 30 por ciento.

El factor principal para el cambio es, en opinión de los analistas, los jóvenes y las mujeres, los dos sectores más afectados por la deteriorada situación económica y las restricciones impuestas por los conservadores sobre la vida social y los medios de comunicación.

Las mujeres, que representan la mitad de los más de 70 millones de habitantes de Irán, así como los jóvenes, vuelven así a ser la esperanza de los reformistas, como lo habían sido en las presidenciales de 1997.

Esas elecciones llevaron entonces al poder al moderado Mohamad Jatamí, cuya política aperturista fue obstaculizada durante los dos mandatos de su presidencia por las distintas instituciones conservadoras.

Su sucesor, Ahmadineyad, prometió un apoyo inequívoco a los pobres y un reparto justo de la riqueza petrolera del país, el cuarto exportador de petróleo del mundo y el segundo en el seno de la OPEP, algo que no ha conseguido cumplir.