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La crisis pone en su sitio a los marginados del arte

El Reina Sofía abre sus puertas al precursor del minimalismo Francesco Lo Savio

CARLOS PRIETO

No ganamos para sustos. Primero le dieron el Premio Nobel de Literatura a Herta Müller, decisión recibida por los tertulianos habituales con una mezcla de risitas nerviosas y críticas a la Academia sueca por su esnobismo (o quizás por su empeño en ponernos a todos en evidencia). Y ahora el Museo Reina Sofía abre sus puertas hasta el 11 de enero a la obra de Francesco Lo Savio (Roma, 1935-Marsella, 1963), un artista no sólo desconocido por el gran público sino "incluso por muchos especialistas en arte", afirmó ayer Manuel Borja-Villel, director del museo de arte contemporáneo. ¿Nos estamos volviendo todos locos? Parece ser que no.

El problema con Lo Savio es que corrió tan rápido en su día se suicidó a los 28 años, frustrado por no encontrar su lugar en la historia del arte que se acabó adelantando a su tiempo: su trabajo prefiguró el minimalismo que se impondría con fuerza poco después. "Su obra tiene que ver con la crisis de la modernidad en los años cincuenta, cuando parece agotarse la tradición romántica del arte y se indaga en la relación entre las artes y la transversalidad de los objetos", contó Villel.

En efecto, pese a que su carrera artística se limitó a cinco fulgurantes años, al creador italiano le dio tiempo para tocar unas teclas cuya melodía sonó extraña a sus contemporáneos, pero ahora resulta familiar: pasó de pintar cuadros de estilo informalista a eliminar el color y trabajar con piezas metálicas propias de la producción industrial, en una extraña mezcla entre pintura y escultura reflejada en la serie Spazio-Luce. Y también se interesó por la arquitectura, periodo documentado en la muestra con una colección de estudios en papel.

Tras medio siglo relegado al ostracismo, parece que ahora toca poner en su sitio a Francesco Lo Savio. "En los últimos años se ha procedido a la recuperación de una modernidad alternativa que refleja de algún modo la modernidad oficial. Ahora es la periferia la que confirma la centralidad del centro. Los que antes eran considerados artistas de segundo nivel, ahora son vistos como precursores de los grandes nombres", explicó Borja-Villel aludiendo a la influencia decisiva del ignorado Lo Savio sobre creadores libres de toda sospecha como el escultor Richard Serra.

La clave aquí es entender que existen otras historias del arte. Y que aunque esta exposición se planeó antes de que empezaran a arrojarse por las ventanas los corredores de Bolsa y a reducirse drásticamente los presupuestos de los museos Lo Savio llega a España en el momento adecuado.

"La crisis económica es también una crisis de los valores dominantes de las últimas décadas, de un modo de ver el mundo contó a Público Borja-Villel. Lo bueno de la crisis es que permite que salgan a la luz autores y movimientos que permanecían ocultos, tapados por un mundo oficial vinculado al mercado y a los grandes nombres. La exposición no reivindica lo marginal, sino el descubrimiento de otros mundos, la recuperación de una historia del arte transversal".

Las obras de Lo Savio se anticiparon varios años a la irrupción del minimalismo de los años sesenta.

Incomprendido en su momento, el autor italiano entró en crisis tras ser boicoteada una de sus exposiciones en Roma. Lo Savio se suicidaría poco después sin haber encontrado su lugar en la historia del arte.

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