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"Cristiano es como es"

El club admite como naturales y competitivos los desaires del jugador mejor pagado

LADISLAO JAVIER MOÑINO

Cristiano Ronaldo muestra un carácter tan ingobernable como su disparo cuando Pellegrini le señala el camino del banquillo. Sale a desaire por sustitución. Sin embargo, en el Real Madrid no parecen preocupar esos gestos rebeldes que inflan la imagen de futbolista malencarado que se está creando el luso. Partido a partido, el reguero anti Cristiano se expande por los estadios del fútbol español y el club no contempla advertencia alguna para corregir las conductas que alimentan ese rechazo. Pellegrini, encargado de preservar la ecología del vestuario, también mira para otro lado, aunque Cristiano haga lo mismo cuando le cambia: "No tiene importancia".

Sus compañeros hablan de un profesional ejemplar y simpático, el club le protege y, auspiciado por las críticas al mal juego del equipo, apaga todos los posibles fuegos. Éste, sin duda, es uno en potencia. "No ha cometido ningún acto de indisciplina ni de desacato al entrenador. No le ha puesto caras. Cada uno es como es y no se puede pedir que cambie. De Raúl también se decía que no sonreía", argumenta Jorge Valdano. No digiere bien el extremo luso sus reemplazos. Ya avisó en pretemporada. En Anoeta, en el partido por el Centenario de la Real Sociedad, hizo su primer gesto de desacuerdo cuando fue cambiado. En el Trofeo Bernabéu arrojó la sudadera contra el suelo. Ante el Xerez cruzo los brazos y torció el morro cuando se recostó en el banquillo. "Se debe a su carácter competitivo. Es un ganador, como demostró en el Manchester. Cristiano es como es", insiste Valdano.

En Manchester, Ferguson también tuvo que lidiar con esos malos modales de Cristiano en los cambios. La temporada pasada, en el derbi con el City, le dio una patada a un equipo de televisión y tiró con rabia el chubasquero. Ferguson, mientras, mascaba chicle nervioso y tragaba quina a la vez que su rostro enrojecía hasta encenderse. Aquel día no explotó el escocés, pero sí Scholes y Giggs, que se molestaron al considerar que Cristiano había faltado al respeto al técnico que les había criado desde juveniles. Así se lo hicieron saber a su ex compañero.

Ferguson estalló días más tardes del incidente para tratar de rentabilizar al máximo al jugador en sus últimos días en Old Trafford. Ya sabía que se iba y le picó para explotarle por última vez. El United se jugaba la Premier y tenía un partido infernal en Oporto para acceder a las semifinales de la Liga de Campeones. Ferguson dejó caer que estaba harto de sus desplantes y de sus pérdidas de balón, que habían desembocado en un par de goles en contra. Cristiano le respondió con un golazo que valió la eliminatoria en Oporto.

De fondo también emerge, de nuevo, su ansiedad por justificar su precio. El sábado se fue del campo aplaudiendo al público, pero con la cabeza gacha, como si se sintiera en deuda con la hinchada. "Es joven, quiere disputar todos los minutos y demostrar que vale todo lo que se ha pagado por él", justifican desde el club.

 

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