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Criterios de admisión aplicados con inflexibilidad y rigor

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Brasil y España son dos países cercanos y amigos. En los últimos años han vivido un extraordinario estrechamiento de sus relaciones, tanto económicas y comerciales como culturales. Nos encontramos aquí con una amplia comunidad brasileña, que contribuye con su trabajo al desarrollo español.

La presencia de una importante comunidad española en Brasil fortalece nuestros vínculos. Es esa sólida base de amistad la que permite a los dos países enfrentarse con tranquilidad y racionalidad a los problemas. Ahora mismo tenemos uno: las no admisiones de viajeros brasileños.

Durante los últimos meses, ha aumentado de manera exponencial el número de no admitidos en Barajas. Durante el segundo semestre de 2006 el número de rechazados por mes ascendía a 20. Ahora, en 2008, son más de 300.

No cuestionamos el derecho soberano español (y de la UE) de definir criterios y mecanismos para la admisión de extranjeros. Pero sí observamos que, algunas veces, los criterios son inflexibles, de manera que viajeros de buena fe, sin intención de emigrar, son rechazados. Las dificultades empezaron cuando dos estudiantes brasileños fueron rechazados a pesar de que la autoridad consular brasileña garantizaba que su propósito era participar en un congreso en Lisboa.

Es fácil imaginar la frustración de los estudiantes, que acudían por primera vez a una reunión internacional. Una semana antes, ocurrió lo mismo con otra estudiante de São Paulo. En estos tres casos, fue el propio Gobierno brasileño el que patrocinó los viajes. La repercusión en Brasil fue enorme. Los episodios no eran de un cuadro ejemplar de relaciones bilaterales. La incomprensión y la distancia no caben en ese marco.

Hay que divulgar mejor los requisitos de entrada, aplicar la ley con ecuanimidad (toda norma admite más de una interpretación), aquilatar el trato (a los no admitidos se les retiran sus teléfonos) y buscar puntos de encuentro hacia la solución con la disminución del número de brasileños no admitidos. En fin, lo mejor que ofrece la diplomacia de dos países amigos son buenas soluciones a los problemas, sean difíciles o no. Y eso lo lograremos alcanzar Brasil y España.