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El crucero del fin del mundo

La Antártida es el continente más frío, más seco, más alto y más ventoso del planeta. El único en el que no se han desarrollado culturas nativas, en el que nunca ha habido guerras.

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Es una obviedad decirlo, pero el viaje al fin del mundo es muy largo. Todo empieza en Ushuaia, la ciudad más meridional del planeta, donde se supone que todo acaba. Allí se salta a un barco que recorrerá el canal de Beagle y luego pasará junto al mítico cabo de Hornos antes de enfrentarse a las corrientes traicioneras del Pasaje de Drake, donde se encuentran -afortunadamente sólo a veces- las aguas más turbulentas y peligrosas del mundo. El Pasaje de Drake es sólo la última prueba iniciática antes de llegar al destino deseado, la Antártida.

Y por eso el pulso se acelera cuando, pasado ese trance, se oye la voz del jefe de expedición avisando de que próximamente se llegará a Deception Island, donde se hace el primer desembarco. Todos los pasajeros salen a cubierta a esperar el momento, todos quieren ser los primeros en gritar 'tierra a la vista', en afirmar que ha terminado la travesía y han llegado al lugar de los sueños más locos.

Deception Island no responde a la imagen esperada: no hay glaciares ni montañas de hielo. Pero es algo igual de emocionante, el cráter de un volcán que mantiene su actividad y, por tanto, una temperatura muy superior a la de otras islas cercanas. Este hecho fue aprovechado por los balleneros que se adentraban en su interior tranquilo donde disponían de agua caliente. Además, en Deception Island es posible cumplir con el sueño imposible de bañase en las aguas del océano Antártico.

Los días siguientes de la expedición permiten acercarse a diferentes lugares de la Península Antártica. Es aquí donde es más fácil, por una pura cuestión de proximidad al resto del mundo, visitar el continente helado. También es el más propicio, y el más interesante. En esta península el paisaje es más variado y más agreste que en el resto de la Antártida, la costa es irregular, las montañas surgen directamente desde el mar y abundan las playas y los puertos naturales libres de hielo. Por eso mismo aquí están muchas de las estaciones científicas que diferentes países han instalado en la Antártida. La única presencia humana en este mundo helado.

El viaje a la Antártida es una experiencia de naturaleza pura, que a veces se mezcla con la historia de la presencia humana, como en Wiencke Island, donde se desembarca en la antigua base británica de Port Lockroy, convertida ahora en museo que permite revivir las condiciones de vida de los investigadores que se instalaban hace décadas en estas soledades. Más al sur todavía se llega a la base ucraniana Akademik Vernadsky, en la isla Galíndez, donde se encuentra el bar abierto al público más meridional del mundo. Esta base era, hasta que pasó a manos de Ucrania en 1996 por el precio de una libra, la base británica Faraday, donde en 1985 se descubrió el agujero en la capa de ozono.

Pero alrededor del barco permanecen los campos de hielo, el viento, las focas, las ballenas y las aves marinas. También, como en pocos lugares del mundo, la soledad y el silencio.



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