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Cuidado, hay demasiado en juego

Es sorprendente que los dos líderes de la oposición no hayan ganado ni en las provincias de las que son originarios

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La ausencia de observadores internacionales impide saber si ha habido fraude en las presidenciales iraníes, o el volumen de este. Cuesta creer, sin embargo, que Ahmadineyad, al que se atribuyen casi dos de cada tres votos, haya podido montar un pucherazo tan descomunal como dicen los partidarios de Musaví que se han lanzado a la calle.

Es cierto que el cambio parecía flotar en el ambiente, pero el barómetro estaba en Teherán, donde el presidente ha sido derrotado. Es sorprendente que Musaví y Karrubi, el otro candidato independiente, no hayan triunfado siquiera en las provincias de las que son originarios, pero el discurso nacionalista, antijudío y antinorteamericano de Ahmadineyad, unido a una generosa utilización de los recursos del Estado, le había proporcionado un sólido apoyo fuera de la capital.

Algo huele a podrido, pero no tanto como para que el ganador oficial sea el perdedor, y viceversa. El resultado no hay quien lo cambie. El valor real de la decisión de Alí Jamenei de que se investiguen las denuncias de la oposición se mide a la luz de su inicial felicitación pública a Ahmadineyad. El 'guía de la revolución' (con más poder real que el presidente) pretende con la medida aplacar las protestas internas. Y las externas, como las de la Unión Europea, primero tibias y ayer algo más enérgicas.

Occidente debe evitar dos errores: 1) cuestionar el resultado, no por fraudulento, sino por inconveniente, como ya ocurrió en Argelia con los islamistas y en Palestina con Hamás. Y 2) deteriorar la relación con Ahmadineyad, con el que, más pronto que tarde, habrá que negociar. Es factible. No es el loco antisemita que nos pinta Israel.

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