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David huye de Delfín

El diseñador malagueño trabaja en Nueva York alejado de la imagen que tiene establecida en España

ISABEL REPISO

David Delfín. FOTO: Reyes Sedano

La aventura americana de David Delfín le hace sentirse como un niño con zapatos nuevos. Quién le iba decir hace diez años que tendría ganas de escapar de la imagen con la que se ha ganado el respeto de la moda española. "Me encanta, porque en style.com sólo tengo colgado el desfile que hice en febrero en Nueva York. No tener historial es muy chulo", confiesa.

Su salto a Nueva York le ha servido para regenerarse y, como un insecto, escapar de una crisálida que empezaba a pesarle demasiado. "Desde mis principios hasta ahora siempre ha habido mucho alrededor de mi trabajo. Llega un momento en que necesitas que lo que haces sea de nuevo valorado".

Necesitaba nuevos jueces, mentes en blanco que dieran otro sentido a sus diseños compara su llegada a Nueva York con un examen y, sobre todo, buscaba el subidón de no reconocerse. "Para mí es muy importante: allí no soy ni el del burka, ni el de la horca, ni el socio de Bimba Bosé", dice satisfecho.

Quienes lo conocen, algo presagiaban. Basta ver la que ha montado en su tienda para entender su espíritu inquieto: unas esculturas de fetos descansan sumergidas en un líquido transparente. Al lado, en una palangana, hay un sinfín de corazones con grasa. Por no hablar de la colección de fotografías que pueblan las paredes, de la artista Rosalía Banet (galería Espacio Mínimo) y de la recomendación de la semana: el último disco de Antony & the Johnsons.

David Delfín ha calado en los ámbitos más mainstream de la cultura. Su marca se cuela con la misma facilidad en un cedé de Miguel Bosé (tío de su socia Bimba), como en la última película de Almodóvar, Los abrazos rotos.

No va con él la especialización que tanto se lleva en los planes educativos. "Soy más de espíritu renacentista. No me limito", admite. "Defiendo que la creatividad se agarra a cualquier superficie". Incluidas las artes escénicas, con el vestuario para el Hamlet de Tomaz Pandur y para la Compañía Nacional de Danza.

A medida que conversa, derriba aquello de quien mucho abarca poco aprieta. "En España somos muy del no por delante, pero yo de entrada prefiero el sí. Hay cosas interesantes que no me quiero perder", cuenta. ¿Por ejemplo? El diseño del logotipo para el Festival de Málaga.

Un sector, el del diseño, que, en su opinión, debería copiar el modelo del extranjero: "El envoltorio es importantísimo y eso es una falta que tenemos en España: que el diseño va por un lado y la moda va por otro". Y sobre la fuga de talentos, ¿algo que decir? "Siempre hemos sido unos acomplejados. Pensamos que lo de fuera es lo mejor. Y lo nuestro no lo sabemos valorar ni vender".

Echando una mirada a sus diez años como creador, uno tiene la impresión de que el envoltorio de David Delfín son sus modelos: fieles e incombustibles, como Bimba Bosé o su amigo David, un pelirrojo que copa sus catálogos.

Algo que él defiende como una estrategia comercial. "Tener una identidad muy marcada es fundamental y eso lo llevo a todos los terrenos. Es importante que en nuestros desfiles se vean otras caras. A David lo conocí en una obra, en frente del taller. Es gente que tiene otra actitud. Carece de esa seguridad de los modelos profesionales que ponen el piloto automático. Y en eso encuentro una carga emocional que me interesa. La inseguridad me encanta. Es algo muy sexy que me atrae".

Su inmersión en EEUU no vendrá sólo por la exposición en Washington, sino por la comercialización de su ropa en tiendas multimarca. Para él es su verdadero triunfo. "Ese es el éxito de nuestro trabajo, que llegue a la calle", indica.

Y aunque su aventura americana pueda pasarle factura en el panorama español, donde, de hecho, ya no desfila, él se lo toma con mucha calma. "Para mí no es una obsesión estar en Cibeles/ Madrid Fashion Week. Podría hacer el desfile en España, pero una vez hecho en Nueva York no se trata de hacer una gira. Lo que me da más miedo es acomodarme".

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