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"Déjate caer", la vida de tres treintañeros alrededor de un banco

EFE

El director andaluz Jesús Ponce cuenta en su comedia "Déjate caer", que se estrena en los cines españoles el 1 de febrero, el transcurrir ocioso de tres treintañeros de barrio obrero que ven pasar la vida desde un banco de la plaza que hay frente al bloque en el que viven.

Los tres protagonistas están encarnados por Iván Massagué (Grabi), Darío Paso (Nandi) y Juanfra Suárez (Roberto Carlos) en el papel de tres amigos de una generación indefinida.

No son "ni adultos ni niños, ni parados ni trabajadores, no son estudiantes, no son delincuentes, no son gente honrada...simplemente no son", ha dicho Ponce hoy durante la presentación del filme.

Los protagonistas casi forman parte del mobiliario urbano de la plaza de un barrio obrero, se "dejan caer" a la misma hora en el mismo sitio y pasan las horas sentados en el respaldo de un banco de barrio, de los sencillos de tablas de madera verdes, entre chistes y litros de cerveza.

La aparición de una chica, Sunci (Asunción), encarnada por Pilar Crespo, dispuesta a formar pareja con Roberto Carlos, rompe el equilibrio de ese mundo de vagos en el que estaban instalados los tres amigos.

Otro elemento femenino que agita la situación de inmovilidad de los amigos es la hermana de Grabi, encarnada por Ana Cuesta, una adolescente de unos diecisiete años que es "la que tiene las cosas más claras, la más adulta", ha explicado Ivan Massagué.

Ponce "ha aplicado el detonante femenino" que empuja a los protagonistas estancados en esa situación a "moverse del banco", ha señalado el cineasta.

Ese elemento femenino más activo lo encarna Sunci, "la chica", y dos mujeres maduras del barrio: la vecina del bloque y la panadera, interpretadas por Isabel Ampudia y Mercedes Hoyo, respectivamente.

El elenco se completa con los padres de los protagonistas, progenitores castradores o superprotectores unas veces o enganchados a la televisión y delegando su papel al hacer ver que no se enteran de lo que pasa.

El cineasta ha dejado un final abierto para la cinta con la intención de que "haya debate y que cada uno escoja si es final feliz o no, dependiendo de lo que se quiera hacer con la vida propia".

La película tiene toques peculiares que ilustran la relación entre padres e hijos, como la de amor-odio de la madre de Roberto Carlos, que llega a las manos, o la de Grabi con su progenitor cuando baja al bar del barrio, lleno de albañiles como su propio padre, y dice que "no hay curro" o "no pienso partirme la espalda para ganar una mierda".

El filme ha sido rodado enteramente en Sevilla, en un edificio casi abandonado, "con poco dinero y mucha vocación", ha dicho Ponce.

En ese edificio, en el que solo vivía un vecino, se instalaron vestuarios, sala de maquillaje y hasta la propia oficina de un filme que ha contado con la financiación de casi todas las televisiones autonómicas españolas, exceptuando la catalana.

Los protagonistas hablan con acento andaluz, incluido el madrileño Darío Paso y el catalán Ivan Massagué, a quien el director recomendó que practicara una dicción olvidando las eses finales.

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