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Del oro a las lágrimas

Natalia Rodríguez cruza en cabeza la meta pero los jueces la descalifican posteriormente por derribar a Burka. La española intenta adelantar a la etíope por el interior, tropieza con ella y la manda al suelo

IGNACIO ROMO

La justicia no visitó ayer el tartán azul del Olympiastadion. Sí lo hizo el drama. La mejor atleta del momento en los 1.500 metros, la número uno mundial si existiera tal clasificación, no pudo ser coronada como campeona del mundo. Lo que sucedió ayer en Berlín es el acontecimiento más triste de la historia del atletismo español, sólo comparable a la caída de Marta Domínguez en los 3.000 metros obstáculos de Pekín.

El drama se desarrolló en tres actos. La caída de la etíope Gelete Burka, la victoria de Natalia en la línea de meta y la descalificación posterior. Pero nadie que estuviera ayer presente en el Olympiastadion se atrevería a dudar de que Natalia Rodríguez es la especialista más en forma del mundo en los 1.500 metros.

Cierto es que la carrera contó con muchos momentos de contacto físico entre las rivales. La prueba la lanzó la rusa Evdokimova a un ritmo medio (1:06.6 para los primeros 400 metros). Natalia Rodríguez iba última.

Al paso por los 800 metros (2:15.1), la tarraconense ya había progresado notablemente utilizando su deliciosa zancada, fluida, sin duda la más económica del atletismo español. Natalia avanza por la pista con la suavidad de la seda.

Al paso por la campana que anuncia la última vuelta ya se habían definido tres candidatas al frente del grupo. Tres apuestas para lo más alto del podio. Por un lado, Gelete Burka, etíope, actual campeona del mundo en pista cubierta por obra y gracia del dopaje de las rusas que la derrotaron. Por otro lado, otra etíope... que compite por Bahrein desde 2004, cuando cambió su nombre y apellido (ZenebechTola) por el de Maryam Jamal. La tercera en liza era Natalia Rodríguez.

El drama tuvo lugar exactamente al final de la contrarrecta, el mismo punto en el que Marta Domínguez se golpeó en Pekín con el antepenúltimo obstáculo y echó por tierra su sueño olímpico.

Natalia marcha en tercer lugar, exactamente por detrás de Burka y a la izquierda de Jamal. Se la ve con fuerza pero comienza a estar encerrada. El reglamento manda adelantar siempre por el exterior, abrirse a la derecha y superar a los rivales. Pero también es cierto que a veces se abren huecos inexplicables por la cuerda.

Gelete Burka, la etíope que sigue siendo etíope, había dejado espacio a la izquierda. Natalia fue entrando en ese hueco, hasta que comprobó que se iba cerrando cada vez más.

Entonces se produjo el contacto. Rodríguez intenta avanzar por el interior, Burka no se lo permite y la etíope acaba en el suelo. "Es Natalia la que empuja y hace caer a Gelete Burka, se ve con claridad en el vídeo", reconocería posteriormente con honestidad José Luis de Carlos, jefe del equipo español en Berlín.

La carrera continuó con visos de irrealidad. Flotaba sobre el estadio la sensación de que aquellos 200 metros estaban ya sub júdice. Lástima porque Natalia sacó a relucir su tremendo final, una quinta velocidad que ni Jamal ni la británica Dobriskey poseían en la última recta.

Natalia triunfó con holgura, pero cruzó la línea de meta sin entusiasmo, con el estómago encogido. No hizo gestos de victoria y si los intentó fueron muy tímidos. Se escucharon silbidos desde la grada. Para que la impresión visual del drama fuera todavía mayor, Burka se desplomó sobre la pista. Natalia fue a consolarla. Después renunció a la vuelta de honor.

Treinta minutos después de la final era descalificada. La delegación española fue a pedir el vídeo de la prueba. Allí se encontró con los delegados de Bahrein, Reino Unido y Estados Unidos, con atletas involucradas en la lucha por el podio, que estaban protestando.

"Las imágenes eran claras. Jamal no contacta con Burka. La descalificación era justa". Aun así, España formuló una reclamación al Jurado de Apelación que no prosperó.

Natalia Rodríguez tendrá 32 años en los próximos Mundiales (Daegu, Corea, 2011) y 33 en los Juegos de Londres. No fue campeona ayer, pero es la número uno del mundo.

Jesús España, séptimo en la final de 5.000 metros de Osaka hace dos años, consiguió hoy el décimo puesto -segundo europeo- con un tiempo de 13:22.07 en una carrera que consagró al etíope Kenenisa Bekele como el primer atleta que consigue el doblete de fondo en unos campeonatos del mundo.

España tenía imposible repetir un puesto semejante al de Osaka porque entre los 16 finalistas, diez de ellos africanos, partía con la cuarta peor marca del año, que es la mejor suya (13:10.73).

Después de obtener, el jueves, su plaza de finalista advirtió de que la clave estaría en su capacidad de recuperación, la que denomina su "asignatura pendiente". Ha tenido tres días para hacerlo y además competía con la confianza de haberse entrenado este año sin contratiempos.

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