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Dessay: "Vivo en un mar dudas, algunas me ayudan, pero otras me destruyen"

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Natalie Dessay comenzó a amar la ópera al comprobar que era la suma de sus tres pasiones: "Expresión, actuación, y voz, el instrumento más bello", dice esta soprano de cuyo perfeccionismo da fe su confesión: "Siempre he vivido en un mar de dudas, algunas me ayudan, y otras me destruyen".

Nacida en Lyon hace 42 años, el sueño de Dessay -quien mañana ofrecerá un recital en el Teatro Real, su debut en este coliseo- era ser bailarina de ballet. "Pero no tenía cualidades, como tampoco para mi segunda opción, ser actriz", confiesa esta soprano que debutó como solista en 1989.

"Soy cantante por exclusión", comenta a un grupo de periodistas ante los que se muestra natural, fresca y sin un gramo de divismo. "Antes odiaba la ópera, pero ahora la veo como la fusión de los tres aspectos artísticos que yo tanto amaba", dice esta mujer menuda, de apariencia frágil, con un físico que encaja a la perfección con las heroínas que le han dado fama.

La "Manon" de Massenet; la Ofelia del "Hamlet" de Ambroise Thomas: la "Lucía de Lammermoor", de Donizetti; la lady Macbeth de Verdi, o la "Norma" de Bellini.

Todas ellas estarán presentes en su primera aparición en el Real, en un recital con la Orquesta titular del coliseo, bajo la dirección de Jesús López Cobos, quien ha confeccionado un programa con dos partes: una de repertorio italiano, y otra del francés.

Se suman arias de "La belle Helene", de Offenbach; "Le chausseur maudit", de César Franck y la novedad de escucharla en la Violeta de "La Traviata", la ópera de Verdi que actualmente ocupa el centro de sus investigaciones y ensayos, pues la llevará al escenario, por primera vez, en Santa Fe (Nuevo México-EEUU).

"Es un espectáculo creado especialmente para mí y quiero estrenarla allí por ser un lugar alejado de mis circuitos habituales", comenta Dessay, en cuya vida hay un antes y un después del período 2002-2005, cuando tuvo que ser operada de las cuerdas vocales en dos ocasiones.

Con una voz de soprano lírica-ligera, Natalie se había centrado hasta aquel momento en el repertorio romántico; pero a partir de ese momento, decidió "dedicar los próximos diez años a la exploración de nuevos mundos, el barroco y el siglo XIX italiano".

Su amor por la interpretación ha hecho de Natalie Dessay una soprano-actriz, que da tanta importancia a la voz como a la interpretación, para crear un personaje.

"En ópera tiene tanta relevancia la parte musical como la escénica, deben ir juntas. Por eso, es esencial la labor del director de escena, quien debe marcar el tempo, el ritmo, el color y la manera en que se va a cantar la obra", explica.

Al elaborar el programa de un recital, Dessay, como la mayoría de los cantantes, elige las piezas que más ha trabajado, aunque sumará un aria de "La Traviata".

En el recital, Dessay interprete dos míticas escenas de locura: la de Ofelia y la de Lucia di Lammermoor. "No es que sienta especial interés por este tipo de arias -apunta-, pero los autores de ópera las adoraban. La locura o la muerte era el destino más común de sus heroínas".

"Lo cierto es que adoro los papeles de mala. Tengo la voz de un ángel pero soy una verdadera bruja", añade Natalie, quien se confiesa como una fanática de los ensayos, por ser "un momento -apunta- donde todo es posible, se puede experimentar sin límites, hacer propuestas, y no rendir cuentas".

Algo que concuerda con su personalidad. pues confiesa que la inseguridad la persigue desde el inicio de su carrera: "No confío, no veo lo que otros ven...tengo muchas dudas. Algunas me sirven para mejorar, pero otras me destruyen".

"Y, en un momento dado, las dudas llegaron al límite. Soy proclive a la autodestrucción y eso es peligroso", confiesa, para luego narrar cómo ese momento coincidió con su pérdida de voz. "Ésa fue la excusa para tomarme el tiempo de descanso y reflexión que necesitaba".