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Dos días después de un año después

ANA REQUENA

Cuando el 15 de mayo de hace un año llegué a la plaza de Cibeles, el lugar donde empezaba la manifestación que había convocada, quedé algo decepcionada. El tráfico ni siquiera estaba cortado y la gente se agolpaba en una esquina de la plaza, sin que parecieran suficientes ni siquiera para llenarla. Los días anteriores, cuando hablaba con personas muy diferentes sobre la convocatoria, había muchas dudas, pero, sobre todo, expectación. ¿Sería esta la manifestación que consiguiera unir la decepción y el cabreo de mucha gente o quedaría en un acto más o menos simbólico pero poco concurrido, como había sucedido con otros anteriores?

Entonces, la pancarta que abría la marcha comenzó a andar. Y se activó el click. Los que parecían sólo unos cientos se convirtieron en miles, y la indignación, finalmente, reventó. Las miradas entre los asistentes eran reveladoras, hablaban de satisfacción y de sorpresa. "¿De verdad somos tantos?".

La gente fue convocada por gente, alejada de influencias, siglas y partidos a los que tenían mucho que reprochar Aquellos que sujetaban las pancartas y que coreaban lemas eran personas corrientes, y ahí radicó uno de los éxitos de lo que arrancó el año pasado: la gente fue convocada por gente, alejada de influencias, siglas y partidos a los que tenían mucho que reprochar. Lo dejaron claro: "¡No nos representan", se gritaba en decenas de plazas.

Era tanto lo que había que decir, que reivindicar, había tanta indignación contenida que una sola manifestación se quedaba corta. Por eso la puerta del Sol se convirtió en un campamento, el embrión de lo que ha sido este año el 15-M. En pocos días, el movimiento consiguió tomar decisiones acertadas: crear comisiones temáticas y empezar a discutir propuestas, salir de Sol para extender el debate y las asambleas a ciudades y barrios. Efectivamente, un año después, el movimiento ha extendido sus tentáculos y ha echado raíces.

En estos doce meses, el 15-M ha conseguido dos grandes logros, difíciles de medir, pero incuestionables: devolver el protagonismo al espacio público como lugar de encuentro de la ciudadanía y repolitizar a la sociedad. La gente se lanza a las calles con la conciencia de que les pertenecen, sin miedo y dispuesta a ejercer resistencia pacífica contra los límites que tratan de imponerse al ejercicio de reunión y manifestación. Las plazas son puntos donde los vecinos, que antes ni siquiera se conocían, debaten sobre todo tipo de cuestiones, desde la deuda pública o la reforma laboral hasta qué hacer para mejorar el barrio.

Conceptos tan opacos, pero que tanto están condicionando la vida de la gente, como la prima de riesgo, los hedge funds o la reestructuración del sistema financiero, se han explicado y debatido en grupos de trabajo y asambleas, y se han puesto al alcance de cualquiera. ¿No es acaso eso la esencia de la verdadera democracia?

La gente se lanza a las calles con la conciencia de que les pertenecen  Si algo se ha comprobado estos días de aniversario, es que el 15-M reivindica alternativas ante el discurso único que intenta imponerse. Han puesto miles de ideas y propuestas sobre la mesa. Las preguntas son ¿cómo llevarlas a cabo? ¿cómo priorizar unas sobre otras con consenso?¿cómo influir en el sistema?

Algunas iniciativas que ya están en marcha pueden ofrecer importantes respuestas. Por ejemplo, la puesta en marcha de cooperativas, de grupos de consumo, de banca ética y cooperativas de ahorro , de centros sociales o de bancos del tiempo. Todas estas iniciativas consiguen combinar el debate con la acción, fortalecen la idea de que otra forma de hacer las cosas es posible y crean una red de trabajo, consumo y ayuda solidaria y responsable.

Como punto débil, al 15-M le falta estrategia. Es normal, e incluso positivo, que debido a la naturaleza de movimiento la espontaneidad forme parte de él, pero tiene que ir acompañada de planificación y objetivos claros. Algunas personas, por ejemplo, consideran un éxito el hecho de marear a la policía por el centro de Madrid, como sucedió en la madrugada del martes: después de que varios miles de personas fueran hacia la Bolsa para continuar allí con la cacerolada, la marcha continuó sin rumbo ni objetivos claros. Aunque las imágenes de la represión policial y de las detenciones de decenas de personas son indignantes, sería importante reflexionar sobre si jugar al rato y al ratón con la policía porque sí tiene sentido.

Al respecto, son interesantes las recomendaciones de Gene Sharp, el filósofo estadounidense que promueve la acción no violenta y que ha aconsejado a movimientos sociales de todo el mundo, que advierte sobre el peligro que supone dejarlo todo a la espontaneidad y creer que las acciones improvisadas son un triunfo porque desconciertan a las fuerzas de seguridad. Por el contrario, Sharp señala precisamente la importancia de la estrategia.

*Ana Requena es periodista y coautora de Las voces del 15-M
*Ilustración de Mikel Casal

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