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Duelo de optimistas

Rajoy cree en un triunfo amplio y Zapatero habla de recuperación económica

MIGUEL ÁNGEL MARFULL

Los candidatos saltaron ayer de la Red a la arena, del vídeo al verbo vótameen un primer día de campaña que el PP arrancó tentando a la suerte. Rajoy se juega el 7 de junio asentar su liderazgo en del PP y Esperanza Aguirre, atenta, compró un cupón de la ONCE. Por si toca.

A su lado, el candidato conservador, Jaime Mayor Oreja, se dejaba fotografiar frente al mostrador de un charcutero en un mercado de Madrid y sonreía ante una ristra de chorizos. Mientras, Aguirre parecía conjurar los fantasmas que duelen en la cabeza del PP personalizados en sus imputados del caso Gürtel y compraba un kilo de salmón y pedía lencería en otro puesto tras ojear unos trajes no hechos a medida.

Fue la imagen que madrugó para estrenar el día 1 de la era 7-J. A 500 kilómetros, en Ourense, Rajoy buscó oxígeno gallego para llenarse de aire en el comienzo de su enésima prueba de liderazgo. Por si es la definitiva, el líder del PP arrancó su caravana con las llaves del único territorio que ha reconquistado en cinco años: Galicia. En Ourense cerró Rajoy la campaña que devolvió la Xunta a la derecha y en Ourense abrió el recorrido con el que pretende apuntalarse a partir del 7 de junio. Ayer derrochaba optimismo.

Un día después de que el CIS anunciara un empate entre socialistas y conservadores, Rajoy también compró su boleto de apuestas, como Aguirre, y pronosticó que el PP ganará las elecciones europeas por una diferencia de cinco o seis puntos sobre el PSOE.

Con esta carga de ánimo se estrenó el líder conservador en campaña, en una primera jornada que acabó convertida en un duelo de optimismos: el de Rajoy sobre su horizonte electoral y el de Zapatero frente a la crisis económica.

El líder del PSOE comenzó a jugar su partido europeo en Murcia sin hacer regates a los efectos de la recesión y anunciando que acabará por meterla un gol a la crisis. "Llegarán las buenas noticias y no tardarán mucho", pronosticó ante los aplausos de su auditorio.

También Zapatero jugó con los elementos que llaman a la suerte, como Rajoy, como Aguirre. El presidente del Gobierno abrió campaña en el mismo escenario en el que lo hizo en 2008, en el inicio de su segundo recorrido hacia La Moncloa.

Un año después, las elecciones europeas son la primera oportunidad para poner el termómetro político a la fiebre económica. Los diagnósticos de socialistas y conservadores no pudieron ser ayer más dispares ante el peor síntoma de la enfermedad: el paro. En torno a este problema se produjo, paradójicamente, la única coincidencia de la primera noche electoral entre los líderes del PSOE y el PP.

Rajoy achacó a Zapatero haber rebasado la frontera de los cuatro millones de desempleados y Zapatero admitió que él se siente "responsable" de los problemas de los trabajadores.

Desde esta prioridad, las soluciones podrán venir de Europa, pero las dificultades pesan en España y la lectura de los resultados será nacional. Si alguien tenía alguna duda, Zapatero y Rajoy lo confirmaron ayer. El líder del PP pidió continuar el 7 de junio el cambio iniciado por Feijóo en las últimas elecciones gallegas. Zapatero también hizo pronósticos para responderle: "El PP está esperando una segunda vuelta, pero no toca". No como los cupones de la ONCE.

 

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