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La economía de Alemania, entre el temor y la confianza

La caída del PIB podría frenarse en el segundo trimestre después del batacazo del 3,8%que registró en el primero. La pobreza ya no es un fenómeno exclusivo de la zona este del país

GUILLEM SANS MORA

La alarma por la fuerte caída del PIB alemán en el primer trimestre, un 3,8% intertrimestral frente al 2,5% europeo, ha durado poco. Institutos de investigación económica como el DIW de Berlín calculan que la contracción se limitará al 0,5% entre abril y junio. Pocos dudan en calificar la situación actual de desastrosa, pero a medio plazo, las señales de recuperación no pasan desapercibidas. ¿Un espejismo? Está por ver, pero esta perspectiva de alivio coyuntural no apaga los temores de fractura social en este año de elecciones, en el que las europeas son las menos importantes para unos partidos que miran casi exclusivamente a las federales del 27 de septiembre.

En su informe de mayo, el Bundesbank sugiere que ya ha pasado lo peor: "La economía alemana podría haber tocado fondo en el primer trimestre de 2009", señala. El banco constata una "creciente confianza" y un freno de la caída del comercio exterior. La cartera de pedidos industriales aumentó en marzo por primera vez en seis meses. "No se puede decir que la situación mejore a paso rápido, pero desde luego registramos una cierta estabilización", señala a Público Christian Dreger, experto del DIW. En su boletín de mayo, el Ministerio de Hacienda también ve "señales de que el retroceso de la actividad económica general podría frenarse a partir del segundo trimestre".

La caída de las exportaciones se había interpretado como síntoma grave de la economía del primer exportador del mundo. La recesión de Alemania afecta a los países de su entorno, "pero las exportaciones se ven afectadas sobre todo por la debilidad del este de Europa y Rusia, que son nuestros principales mercados", explica Dreger. También en este caso hay encuestas recientes que dan pie a un optimismo moderado.

En un estudio difundido el martes, la mayoría de las empresas consultadas por el diario económico Handelsblatt se mostraron descontentas con su negocio de exportación, pero declararon al mismo tiempo que cuentan con una recuperación en los próximos 12 meses. Es el primer juicio optimista en ese estudio desde octubre de 2007.

Eso sí, el balance de 2008 es miserable, al menos para las grandes empresas. Los beneficios de las 30 compañías del índice bursátil DAX se redujeron en un 55% respecto a 2007: de 109.000 a 50.000 millones de euros, según la consultora Ernst & Young.

Con una tasa de paro del 8,6%, Alemania resiste bastante bien las embestidas de la crisis, pero los expertos advierten de que los próximos meses podrían ser duros, sobre todo a partir de otoño. En efecto, no todos los datos son motivo de júbilo. En los últimos años, el mes de mayo acababa siempre con unos 150.000 parados menos. Esta vez, los expertos calculan que la reducción no superará los 50.000. Las cifras las publicará este jueves la Oficina Federal de Empleo en Nuremberg.

Si hay un dique de contención del paro, los expertos coinciden en que hay que buscarlo en el boom de los tres años que precedieron a la crisis, pero también en la ampliación de la jornada reducida. Gracias a esta subvención, una medida del segundo paquete anticrisis de la canciller democristiana, Angela Merkel, las empresas con problemas logran evitar despidos masivos, sobre todo de especialistas cualificados. El Estado paga la diferencia entre el sueldo nominal del trabajador y el que le correspondería en realidad por las horas trabajadas actualmente, que son menos. La gran coalición de Merkel acaba de prolongar esta ayuda estatal hasta los 24 meses, en lugar de 6 meses.

El panorama coyuntural se aclara a medio plazo y el mercado laboral resiste a pesar de la incertidumbre. Pero la otra cara de la moneda es el empeoramiento de los indicadores sociales. Veinte años después de la caída del Muro de Berlín, se da por desaparecida la vieja distinción entre un este con depresión crónica y un oeste próspero, si bien amenazado por los costes de la unificación.

El primer atlas sobre el riesgo de pobreza en el país, presentado esta semana, muestra que las áreas con riesgo de depresión económica se reparten por todo el territorio. El país ya no se divide en dos áreas socioeconómicas, sino en tres: un sur con un 11% de pobreza, un noroeste con un 15% y un este con un 20%. El criterio de definición de la pobreza es el europeo, basado en los ingresos inferiores al 60% de la media: en Alemania, es pobre una persona que vive sola y gana menos de 764 euros.

Los políticos que han advertido del peligro de un estallido social por la crisis han sido tachados de populistas y alarmistas. ¿Está Alemania realmente tan mal? Una encuesta del instituto demoscópico Allensbach señala que el 76% de los alemanes cuenta con que su situación económica personal no va a cambiar demasiado en los próximos meses. Sólo un 13% cree que empeorará.

La explicación de Michael Schlecht, del sindicato del sector terciario Verdi, es que los funcionarios no han sufrido recortes salariales, como tampoco los veinte millones de jubilados. "No es que sean tontos, es que para ellos realmente no ha cambiado nada, y por eso piensan que la crisis sólo existe en la tele", dijo Schlecht a Público.

Este sindicalista advierte de que Alemania no sólo es campeona mundial en exportaciones, sino también en salarios bajos, es decir, inferiores a lo acordado en los convenios y cercanos al límite de pobreza. Copan el 23% del mercado laboral alemán, sólo por detrás de EEUU, con alrededor del 25%.

Schlecht pronostica "un nuevo desmantelamiento de los sistemas de protección social" después de las elecciones, con una reedición de la gran coalición como desenlace más probable. Los recortes sociales no serán malos sólo para Alemania: "La tendencia de la política social europea no se marca en Bruselas, sino en la Cancillería en Berlín", advierte. Las protestas contra los recortes sociales movilizaron hace una semana a 330.000 personas en Europa, 100.000 de ellas en Berlín.

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