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La economía de Estados Unidos da señales de agonía

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La pérdida de decenas de miles de trabajos en febrero ha convencido a muchos analistas de que EE.UU. está sumido en una recesión, mientras continúa la crisis de confianza en los mercados de crédito.

"Habíamos sospechado que Estados Unidos entró en una recesión a finales de 2007, pero este informe lo confirma", dijo Sophia Koropeckyj, directora gerente de Moody's Economy.com.

Para que sea oficialmente una recesión, la economía de Estados Unidos deberá contraerse dos trimestres seguidos.

Sin embargo, su definición, que será a posteriori, es un asunto académico y la realidad, que no discute ningún analista, es que el sector inmobiliario ha contagiado su anemia al resto de la economía.

Hoy el principal asesor económico de la Casa Blanca, Edward Lazear, reconoció por primera vez la posibilidad de que el Producto Interno Bruto (PIB) del país se encoja.

Lo hizo en vista del informe de empleo, que fue el peor desde la última recesión, ocurrida en 2001, según Jared Bernstein, del Instituto de Política Económica, un centro independiente.

El Gobierno reveló que en enero se perdieron 63.000 plazas laborales y redujo, asimismo, su cálculo de empleo preliminar de diciembre y enero en otros 46.000 puestos de trabajo.

Paradójicamente, la tasa de desempleo cayó en una décima, hasta el 4,8 por ciento, pero esa bajada se debe a que 450.000 personas abandonaron la fuerza laboral, muchos de ellos porque, desanimados, dejaron de buscar trabajo, con lo que desaparecieron de las estadísticas.

Esa no es una tendencia sostenible y si continúa la situación económica actual, la tasa de desempleo saltará, posiblemente de forma drástica, según Robert Carnell, un economista de Deutsche Bank.

Mientras, el lado financiero sigue envuelto en la negrura. La Reserva Federal se vio obligada hoy a aumentar su intervención en los mercados de crédito, para responder a las "presiones intensificadas" que lo atenazan, según dijo.

Anunció que elevará a 100.000 millones de dólares el dinero que pondrá a disposición de los bancos este mes en subastas especiales, 40.000 millones más que lo que había dicho hace tan solo una semana.

Igualmente, prometió por primera vez continuar esos préstamos a corto plazo durante "al menos seis meses", a menos que haya una mejora "clara" en el mercado.

El problema central es el miedo a prestar. Los bancos temen dejar dinero unos u otras ante la posibilidad de que el prestatario oculte voluminosas pérdidas en inversiones en hipotecas, cuya morosidad se ha disparado, y ya no tan solo en las de riesgo ("subprime"), sino también en las normales a plazo variable.

Los golpes sucesivos en sus cuentas les han llevado a restringir también los préstamos a los consumidores y las empresas, con lo que se ha materializado el gran miedo de la Reserva Federal.

En la construcción comercial, por ejemplo, un área que había mantenido la actividad pese a las tribulaciones del sector de la vivienda, el informe de empleo de hoy constató una ligera pérdida de trabajo, lo que apunta a una desaceleración.

A la hora de levantar edificios de oficinas y centros comerciales "el problema no es la falta de proyectos interesantes, es que las empresas no encuentran financiación", aseguró Diane Swonk, economista jefe de Mesirow Financial.

Y eso que el dinero está barato en EE.UU., gracias a la intervención contundente de la Reserva Federal, que ha bajado la tasa de interés de referencia en 2,25 puntos porcentuales desde septiembre, poco después de que se abrieran las primeras grietas en la estructura financiera.

A la luz del golpe encajado por el sector laboral, los mercados de futuros apuestan que en su reunión del 18 de marzo la Reserva Federal bajará los intereses en 0,75 puntos porcentuales, lo que sería un recorte muy grande.

En la segunda mitad del año, las cosas mejorarán, según los analistas, porque se sentirán los efectos de las bajadas de interés -que actúan con un retraso de unos nueve meses- y el estímulo fiscal aprobado por el Congreso.

El plan pondrá en los bolsillos de los estadounidenses 152.000 millones de dólares, con la esperanza de devolverles la confianza y que gasten sin remordimiento.