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Elliot pide revisar la memoria al recibir el "honoris causa" de la Carlos III

EFE

El historiador John Elliot destacó hoy, al recibir el doctorado "honoris causa" de la Universidad Carlos III, el "papel esencial" del historiador para revisar la memoria histórica frente a "sus dos grandes peligros en Occidente: su falta o su exceso", dijo.

"Nunca fue tan necesario dar forma a la interpretación y a la narración del pasado como lo es hoy", consideró el hispanista inglés que agradeció a los "muchos amigos y colegas españoles" la ayuda recibida para su ambición de "demostrar que el pasado no es estático y rígido, y se presta a innumerables interpretaciones", según la formuló hoy.

"Todas ellas merecen ser constantemente sometidas a prueba y a revisión a la luz de nueva evidencia y de nuevos enfoques históricos", recalcó el catedrático emérito de Oxford, que fue apadrinado en la ceremonia por el profesor de Historia Moderna David García Hernán.

La embajadora británica, Denise Holt, y el rector de la Universidad San Pablo CEU, Jose Alberto Parejo, acudieron al acto académico celebrado en el Aula Magna de Getafe, donde Elliot recibió del rector, Daniel Peña, el birrete, anillo y demás símbolos del grado otorgado por la institución.

Un grado que recibió también en la ceremonia el economista Luis Gómez Mejía, cuyos méritos glosó la profesora Isabel Gutiérrez Calderón, del departamento de Economía de la Empresa de la Universidad.

Gutiérrez evocó los orígenes de la República Dominicana del profesor Mejía, investigador en Estados Unidos, al que ella reclamó hace una década para las aulas españolas y elogió su contribución para "entender los comportamientos y relaciones de empleados y directivos en las empresas y sus resultados".

John Elliot abrió su discurso con una alusión al año de fundación de la Universidad Carlos III, 1989, el de la caída del muro de Berlín y el derrumbe "repentino" e "inesperado" del imperio soviético, para luego plantear si los historiadores pueden predecir el futuro.

Elliott dijo que ha comprobado al estudiar las grandes figuras del pasado, un Olivares o un Richelieu, que "nada resulta tal y como los actores principales del escenario político planearon o esperaban".

Y si los patrones "más o menos deterministas" sobre el futuro han resultado "poco fiables", es -dijo más adelante- porque "la única cosa que puede esperarse con certeza es lo inesperado".

Así, "en una época de secularización, revive inopinadamente la religión -precisó-, en una época de internacionalismo y globalización, la enérgica reafirmación de las identidades nacionales y étnicas se ha convertido en una realidad de la vida contemporánea".

"Hoy se capturan las flotas con la plata de las Indias; se extravían cartas", apuntó convencido de que "las historias que dejan de considerar el papel de la contingencia y de la personalidad, y la ley de las consecuencias imprescindibles" resultan "defectuosas en su comprensión de la experiencia humana".

Tampoco el pasado son "hechos aleatorios y caóticos" puntualizó antes de reclamar el papel del historiador frente a quienes pretenden vivir sin memoria "extraños en su propia tierra" o quedar "presa de una lectura del pasado que limita o distorsiona".

"Para los que viven sólo en el presente y para el presente, los problemas contemporáneos adquieren una importancia desproporcionada, -advirtió- porque no son conscientes de que las generaciones anteriores se han debatido con problemas similares o comparables, con mayor o menor fortuna".

Por el otro extremo, el exceso de memoria histórica que calificó de "derrotista y peligroso", puede "dejar a las sociedades en una especie de burbuja suspendida en el tiempo".

Elliot consideró que cada generación debe encontrar su propia respuesta a los problemas a los que se enfrenta y dijo que el pasado "provee al menos una forma de derrotero para aquellos que están dispuestos a descifrarlo".

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