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El emperador de Roma

Phelps se despide con una apoteósica posta de mariposa en la triunfante final de 4x100 estilos

IGNACIO ROMO


Ha podido con todo. Michael Phelps, un ser irreductible, ha confirmado en los Mundiales de Roma que es el mejor nadador de la historia. Ayer se encargó personalmente de asegurar el último oro para el cuarteto de los Estados Unidos. Su extraordinaria posta de mariposa (una bellísima exhibición de fuerza calculada, de progresión, de nadar de menos a más) puso boca abajo la final de los 4x100 estilos, esa apasionante prueba en la que todas las figuras de la natación, sea cual sea su especialidad y su estilo, se lanzan a la piscina.

Acompañaban a Phelps en el cuarteto estadounidense Aaron Peirsol (espalda), Eric Shanteau (braza) y David Walters (libre). Alemania y Australia eran los rivales a batir. Peirsol, campeón mundial de 200 espalda, nadó bien la primera posta, pero no logró descolgar a Alemania. Tampoco lo logró Shanteau, que se encontró con una gran actuación del germano Feldwehr. Los yanquis no lograban despegarse de los alemanes y, para complicar la tarea, Australia se asomaba al primer puesto.

Entonces enmudeció el foso del Foro Itálico. El emperador se lanzaba a la piscina. El hombre que ha renunciado a la tecnología, a los bañadores de goma, al cien por cien poliuretano, se echaba el equipo a la espalda. A la mariposa, en este caso.

Phelps nadó como sabe. En progresión. Midió la distancia con su presa y conservó mucha energía en los primeros 50 metros. Como hizo con Cavic en la histórica final de 100 mariposa el sábado. Como si quisiera añadir suspense, dar espectáculo.

Y hubo suspense. En la primera piscina, el australiano Lauterstein se creció. Tocó la pared en cabeza. Parecía como si Phelps fuera a estropear la actuación americana.

Pero la magia del viraje y el insuperable nado subacuático del tiburón de Baltimore aparecieron de repente. Phelps emergió en cabeza, como tantas veces. Tocar la pared segundo y aparecer primero es su seña de identidad.

El hombre de los 14 oros olímpicos desplegó toda su potencia en la segunda piscina. Se fue despegando metro a metro y entregó el relevo imaginario en el caso de la natación con una ventaja enorme a David Walters, el encargado de la última posta, el hombre que supo mantener el saldo logrado por Phelps en la cuenta corriente.

Phelps ha vuelto a exhibirse. Metió ayer en su equipaje su quinto oro de los Mundiales, con una nueva demostración de su fuerza de voluntad. El mejor nadador de la historia, aquel chaval que pasaba las tardes en una piscina de Baltimore para no ver discutir a sus padres, ha demostrado que puede ser el mejor con sólo seis meses de preparación, con medio año en blanco.

Y es que el de Baltimore, tras dejar su sello en Pekín como el mejor de la historia, anunció que iba a tomarse 2009 como un año sabático. Tremendo balance el suyo para tratarse de un año de descanso.

Después de los Juegos, Phelps pasó el otoño con actividades promocionales, descansando y festejando sus ocho oros olímpicos. No se acercó a la piscina hasta enero... cuando por fumar marihuana en una fiesta universitaria perdió sus contratos publicitarios y fue suspendido por tres meses por su federación.

La suspensión no le vino mal al de Baltimore. Se dedicó a entrenarse y entrenarse. Participó incluso en una concentración del equipo americano en una base militar, una mezcla de mercadotecnia de las fuerzas armadas y de creación de espíritu de equipo.

Anunció que participaría en Roma (algo que no tenía claro después de Pekín) y que cambiaba de pruebas. Renunció a los 400 estilos, una especialidad que se nadó ayer y en la que el mejor quedó a cuatro segundos del récord de Phelps. Nadie se atreve con el emperador. Fue el mejor también en Roma, de donde salió con cinco oros. 35 suma ya, más que nadie, en grandes torneos mundiales. El mejor de la historia.

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