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ENFOQUE-Obstaculizan búsqueda de cura para cáncer en el Amazonas

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Por Stuart Grudgings

La tarea decosechar los secretos de la gran selva amazónica de Brasil quepodrían ayudar en la batalla contra el cáncer recae en granmedida sobre Osmar Barbosa Ferreira y un gran par de tijeras depodar.

En una jungla tan densa que casi impide el paso del sol, elágil hombre de 46 años sube por un delgado árbol ayudado por unarnés, una correa entre sus pies y la experiencia adquirida enuna vida de trabajo en la selva.

Unos pocos precisos tijeretazos más tarde y las ramas caenen cascada al pie de un pequeño grupo de investigadores y undoctor, quienes fielmente realizan el largo trayecto mensualhasta el río Cuieiras -en el estado de Amazonas- creyendo quela flora asombrosamente rica de la selva puede brindar indiciospara desarrollar nuevos tratamientos para el cáncer.

Ese equipo podría estar en lo cierto.

Aproximadamente el 70 por ciento de los medicamentosactuales contra el cáncer son productos naturales o derivadosde compuestos naturales, y la selva más grande del mundo es ungran caldero de biodiversidad que ya ha producido medicamentospara enfermedades como la malaria.

Pero dar con el material adecuado no es tarea fácil en unaselva que puede albergar hasta 400 especies de árboles y muchasmás de plantas en una superficie de una hectárea, y en un paísdonde se sospecha mucho de la participación de investigadoresextranjeros en el Amazonas.

"Si tuviésemos reglas muy claras, podríamos atraer acientíficos de todo el mundo", dijo el doctor Drauzio Varella,con una mezcla de entusiasmo y frustración. "Podríamostransformar una gran parte del Amazonas en un enormelaboratorio," agregó.

Hoy en día, no obstante, los extranjeros tiene prohibidoayudar al oncólogo Varella y a los investigadores de laUniversidad Paulista de Sao Paulo, quienes están entre elpequeño puñado de grupos brasileros autorizados a estudiarmuestras del Amazonas.

Varella, de 66 años, cree que su alto perfil ha ayudado. Eles un muy conocido escritor y personalidad televisiva que saltóa la fama en 1999 con su libro y subsiguiente película basadaen su trabajo como doctor en una brutal prisión de Sao Paulollamada Carandiru.

Pero la iniciativa de su equipo de asociarse con elInstituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos en los 90produjo una tormenta de acusaciones de "bio-piratería" ydurante años tuvo bloqueada la cooperación y el financiamientointernacionales que podrían incrementar las posibilidades deencontrar el Santo Grial de la cura del cáncer.

Su trabajado también ha sido regularmente retrasado porexigencias burocráticas, deteniendo una vez su recolección demuestras durante dos años.

En más de una década de búsqueda, el grupo ha traído a sulaboratorio en Sao Paulo 2.200 muestras de este afluente delpoderoso y oscuro Río Negro, de las cuales 70 han mostradoalgún efecto contra los tumores.

Sólo esas muestras le han dado al equipo suficiente trabajode análisis para 20 años, dijo Varella, un desgarbado corredorde maratón cuyo hermano menor murió de cáncer.

"Si podemos encontrar 70, imagínese lo que podría hacer unagran universidad con recursos internacionales; se podríainvestigar una cantidad absurda de enfermedades", dijo Varella,quien todavía pasa parte de su tiempo tratando prisioneros enSao Paulo.

"Además del impacto que esto podría tener en la saludhumana, podría atraer recursos para la conservación y paramejorar la calidad de vida de la gente que vive aquí," dijo eldoctor.

Irónicamente, fue un extranjero el que inspiró a Varella acomenzar su búsqueda.

Robert Gallo, un investigador estadounidense y destacadoexperto en sida que co-descubrió el VIH, le preguntó a Varellaen un viaje al Amazonas a principios de la década de 1990 sialguien estaba investigando el potencial médico de la selva.

ROMPECABEZAS

Entre los productos naturales usados para combatir elcáncer en la actualidad se encuentra Taxol, una droga dequimioterapia que proviene de la corteza del árbol denominadotejo del Pacífico.

David Newman, director de la Filial de Productos Naturalesdel Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, dijo quevarios fármacos prometedores contra el cáncer derivados defuentes naturales tan variadas como esponjas de agua profunda ymicrobios están actualmente atravesando ensayos clínicos.

A menudo los compuestos naturales son modificados oreproducidos para combatir mejor a las células cancerosas.

"Es una historia de detectives y un rompecabezas, pero nosabes cuántas piezas hay ni cómo luce la imagen total. En unacucharada de suelo del Amazonas, encuentras más de milmicrobios que nunca han sido aislados," señaló Newman.

De un total estimado en 80.000 especies de plantas floralesdel Amazonas, sólo cerca de un quinto han sido identificadas.

Newman dijo que el progreso en Brasil se vio muyobstaculizado por la incapacidad de las compañías de patentarproductos naturales bajo las leyes aprobadas en los 90, lo queperjudica el incentivo para invertir en investigación.

El experto mencionó el ejemplo de la víbora brasilera cuyoveneno resultó ser vital para el desarrollo del fármaco para lapresión sanguínea captotril en la década de 1970, un hallazgoque no podría haber ocurrido bajo las leyes actuales.

Los análisis de los prometedores compuestos hallados por elequipo de Varella están suspendidos mientras la universidadespera por el acceso a un resonador magnético que permitaaislar los elementos activos.

"Todavía estamos muy lejos de descubrir una verdaderamedicina que pueda curar un tipo de cáncer pero contamos confuertes signos de que algunas plantas poseen sustancias queinhiben el crecimiento de tumores", dijo Mateus Paciencia,botánico de 34 años.

Su principal esperanza es que la creciente preocupación porel medio ambiente y el aumento de los esfuerzos gubernamentalespor reducir la destrucción del Amazonas por parte de rancherosy leñadores revierta la marea en favor de las industriasforestales sustentables, de las cuales dicen que su labor es undestacado ejemplo.

"No hay nada más sustentable que esto. Tomamos un kilo demuestras de un árbol que pesa una tonelada y sacamos unextracto que dura 10 años," dijo Paciencia.

Mientras cuelga del tronco de un árbol, Ferreira dice quesu relación con la selva se transformó por este trabajo. Elsolía cortar árboles con una sierra y vender la madera en laciudad de Manaus, unos 80 kilómetros río abajo desde el sitiode las investigaciones.

"Pienso que encontraremos una medicina, y no tomará muchotiempo. Si participo de la deforestación, no sólo estoy matandouna planta sino que estoy destruyendo muchas otras plantastambién. Así que el trabajo que estamos haciendo aquí es muchomejor", concluyó Ferreira.

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