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"Este año sólo me valía ser la mejor"

"¡Lo conseguí!", se leyó entre sus labios junto a su familia

I. ROMO

Es una mujer pegada a una sonrisa tan inabarcable como su concepto de fidelidad a los amigos. Entre algunos de ellos, muy pocos, y su hermana Nuria, Marta Domínguez se dejó llevar por el éxtasis. "¡Lo conseguí!", se leyó en sus labios en un grito que quedó mudo por el run-run que inundó el Olympiastadion tras la eliminación de Isinbayeva. En esa piña en torno a Marta hubo sonrisas, gritos, lágrimas y besos. Ellos, y sólo ellos, entienden el significado de este título mundial para Marta después de su caída en los Juegos de Pekín. Un accidente en su carrera del que Marta siempre ha dicho que "tiene que recompensarse en otros Juegos".

Ayer el lío tenía otra sigla, la de los Mundiales. "Todos los años he entrenado para estar entre las mejores, pero este año sólo he entrenado para ser la mejor. Cada mañana, en la pista, sólo tenía el oro en mi cabeza", explicaba Marta, que anoche cerró el sueño de esa niña que quiso ser la mejor.

Por eso, sus únicos miedos le llegaban desde dentro. "Lo que más temía es que no me fueran las piernas, que yo no fuera bien, más que el comportamiento de mis rivales", aseguraba Marta, que pasó de la comodidad del rápido ritmo inicial -"pensaba que si seguíamos así, las tres juntas, ya tenía asegurada la medalla"- a la desesperación de la segunda parte de la carrera. "Hemos empezado la última vuelta un grupo muy numeroso y eso no me gustaba nada", explicaba la palentina, que construyó su medalla en la ría -"me he dicho, aquí tienes que morir"- y la confirmó en el último obstáculo. "Llegué concentrada para no caerme", relata.

A partir de ahí, la llegada a la gloria se aceleró con ese sprint que construyó en su pasado de carreras lisas. Un pasado cerrado, excepto para los cross del invierno. Su futuro son los obstáculos. "¿El record del Mundo? Los récords nunca me han llamado la atención", dice con su sonrisa perenne.

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