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ETA trata de superar su guerra civil

Txeroki y Thierry lideraron dos bandas distintas durante meses

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'La sombra de la ruptura planeó sobre la organización terrorista, algo que no había ocurrido desde mitad de los años setenta'. Esta conclusión aparece en un reciente informe de las Fuerzas de Seguridad, al que ha tenido acceso Público, sobre la guerra civil vivida en ETA y que tuvo como líderes de ambos bandos a los jefes terroristas ya detenidos Francisco Javier López Peña, Thierry, y Garikoitz Aspiazu, Txeroki. Sus arrestos y los de sus sucesores enterraron la contienda, pero también dejaron un vacío del que ETA intenta recuperarse con una nueva dirección acosada por los continuos golpes policiales.

La abundante documentación incautada en Francia durante los últimos meses ha permitido a los Servicios de Información reconstruir con detalle el pasado más reciente de ETA. El enfrentamiento se remonta a mediados de 2006, durante los primeros meses de un alto el fuego cuya gestión no concitaba el acuerdo en el seno de la organización terorista, y se agudizó en el verano de 2007.

Un mes y medio después de la ruptura de la tregua fue detenido el jefe del aparato logístico, Juan Cruz Maiza Artola, un hecho que terminó convirtiendo las discrepancias en enfrentamiento abierto. Thierry, el terrorista con más peso en ETA, decidió que el sustituto de Maiza Artola al frente de la logística, un afín a Txeroki, no ocupase la silla que había dejado vacante su antecesor en el comité ejecutivo de la banda. Con ello conseguía romper el equilibrio de votos al que se sometían las principales decisiones y decantar la balanza a su favor. Aspiazu explotó.

López Peña era el hombre que había irrumpido en las negociaciones con el Gobierno, sustituyendo a Josu Ternera y cerrando cualquier posibilidad de acuerdo. Txeroki, por su parte, lideraba los comandos de la banda con un pasado de kale borroka y órdenes para 'poner muertos encima de la mesa'. 'La diferencia es que uno quería matar tres días y el otro descansar sólo el fin de semana', describe un mando de la lucha antiterrorista

Los expertos sitúan la 'fase final' del conflicto en los primeros meses de 2008. Entonces, la dirección de la banda 'refundía' las respuestas de sus miembros a un documento de discusión. La consulta es una medida que toma la dirección de la banda al término de cada proceso negociador para que sus miembros se sientan implicados, pero se le volvió en contra. La minoría crítica de la Ejecutiva, encabezada por Txeroki, aprovechó para acusar a Thierry de dictador y acabar con la autocrítica. Según ellos, los etarras se encontraban atemorizados y no se atrevían a discrepar. 'Les acusaban de imponer la censura interna y hasta de mentir en los comunicados públicos', reza el informe policial. Hasta reprocharon a Thierry que las reuniones se celebraran en castellano por su incapacidad para aprender euskera durante décadas de clandestinidad.

La mayoría del comité ejecutivo, que lideraba Thierry, contestó acusando a Txeroki de descuidar la seguridad de los comandos, de perderle el respeto a la dirección y de no aceptar la asamblea virtual que se estaba celebrando.

Ambas facciones se acusaron mutuamente de 'golpistas' y de provocar una escisión. Finalmente, la mayoría suspendió de militancia a Txeroki y los suyos, pero el acoso policial evitó que la decisión pudiera llegar a las bases antes de que Thierry fuera detenido el 20 de mayo en Burdeos. Eso permitió a su rival seguir actuando por su cuenta, y luego, dar un golpe de mano en la cúpula terrorista. Según concluyen los investigadores, aquella brillante operación tuvo un 'efecto paradójico', provocando el fin de la guerra civil en ETA.

Aspiazu no perdió tiempo y expulsó de la organización a Thierry y los suyos. La limpia de Txeroki se llevó por delante a dos relevantes etarras del aparato político, partidarios de López Peña: Ainhoa Ozaeta, la mujer que leyó el comunicado de anuncio de la tregua, también detenida en Burdeos, y Juan Cruz Maiztegi Bengoa, quien había tenido cierta relevancia en el proceso. Sin embargo, el bando victorioso sólo pudo disfrutar su victoria seis meses. En noviembre, la Guardia Civil asestaba otro contundente golpe a ETA deteniendo a Txeroki y a su sucesor, Aitzol Iriondo, en el plazo de una semana.

De las consecuencias de esa guerra civil aún se resiente ETA, que envió dos comunicdos distintos el último gudari eguna. A pesar de todo, los actuales dirigentes fueron capaces de celebrar el 50º aniversario de ETA asesinando este verano a un policía en Bilbao, a dos guardias civiles en Mallorca y reventando el cuartel de Burgos .

La operación contra la red de zulos de agosto permitió arrebatar una tonelada de explosivo y un gran arsenal a la banda, al tiempo que ha provocado el temor de los etarras a acercarse a los escondites que conservan por temor a ser detenidos, según fuentes de la lucha antiterrorista, que aún así vaticinan una oleada de atentados en los que ETA buscará víctimas.

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