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"Es un éxito médico ayudar a morir bien"

Los profesionales abogan por una muerte humana frente a la tecnológica

R. B. / O. C.

Manuel Ollero ha visto de todo. Pero extrae de su vasta experiencia con enfermos terminales un ejemplo muy gráfico para explicar la complejidad que supone entender el proceso final de la vida. "Tenía un paciente que se estaba muriendo con dos hijos; uno de ellos decía que lo que estábamos haciendo con su padre era encarnizamiento, porque nada le iba a reportar ya ningún beneficio; y el segundo hijo, en el extremo opuesto, aseguraba que lo que estábamos haciendo con su padre, nada según él, era eutanasia", resume Ollero, jefe de Medicina Interna del Virgen del Rocío.

El avance científico-técnico de la medicina ha contribuido a impregnar en los últimos años, tanto en la comunidad científica como entre las familias, la idea de que todo puede tener solución. "Esos avances permiten alargar mucho la fase final de muchas enfermedades aportando buena calidad de vida añade Ollero, pero no siempre es posible asegurar el resultado final del tratamiento y, en una situación difícil, el resultado determina el juicio sobre el médico". Si sale bien, es un héroe; si sale mal, un villano.

"Hemos hecho creer que si no se le hace de todo a un paciente no se le está atendiendo. La tecnología prima sobre las relaciones humanas y nosotros trabajamos precisamente para hacerlo al revés, para que la muerte no sea tecnológica, para dignificarla", insiste José Luis Royo, jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del Macarena. De hecho, la tradición de velar a los muertos en casa ha ido disminuyendo a medida que la medicina avanzaba. "Nos alejamos, huimos, incluso contratamos la póliza de seguro con el tanatorio", reflexiona Royo.

Afortunadamente, en los últimos cinco años ha ido calando un mensaje radicalmente distinto sobre la muerte sustentado en recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud: "Antes la muerte se veía como un fracaso profesional; ahora es un éxito ayudar a morir bien", concluye Ollero. Pero lo importante, según los expertos, es que el paciente decida cómo quiere que sean sus últimos días.

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