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Una fiesta con dos feos detalles

Un corte de mangas y un botellazo

A. ALDAY / S. TORRES

La final de Valencia dejará una gran cantidad de imágenes de fiesta y fútbol, pero también algunos detalles que muestran lo que no debe ser el deporte. El primero de ellos corrió a cargo de Touré, cuya alegría desbordada tras el primer tanto le llevó a hacer un corte de mangas a la afición rojiblanca, que se apostaba en un córner de Mestalla. Sus compañeros corrían hacia él exaltados tras el gol que significaba el empate en el marcador, pero el jugador barcelonista prefirió convertir la alegría en venganza con un feo gesto. Etoo pidió perdón a la grada por su compañero.

Ya en la segunda parte llegó otro feo detalle, protagonizado por un sector de la afición rojiblanca que se dedicó a lanzar algunos objetos al campo de juego al ver que su equipo, ya por debajo en el marcador, no tenía posibilidades de batir al Barcelona.

Uno de esos objetos, una botella de plástico, llegó a impactar en Dani Alves cuando el lateral brasileño se preparaba para lanzar un saque de banda. El jugador tuvo que ser atendido por los servicios médicos tras el botellazo, aunque afortunadamente pudo seguir jugando. Su equipo, en aquel momento, ya estaba por delante en el marcador con un 1-3.

Más allá de estas acciones concretas, en el terreno de juego se vio un fútbol noble, sin excesivas muestras de agresividad a pesar de lo que muchos preveían antes del encuentro.

El Athletic dispuso en el campo una defensa pegajosa para detener al Barcelona, especialmente en el marcaje de Koikili a Messi en el primer tiempo. Pero no fue agresiva, ni siquiera abusó de las faltas tácticas. La casta y la fuerza, los principales argumentos del equipo rojiblanco antes de que comenzase el partido, no llevó a sus jugadores a revolucionarse y resultar amenazantes para las estrellas barcelonistas.

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