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La final de toda la vida

Los dominadores del torneo se cruzan 25 años después. Los rojiblancos apelan a la furia para compensar el talento excesivo de los azulgrana

RUT VILAR

La Copa del Rey destapa esta noche la dulce caja de los títulos. Llegó al fin la hora de alzar los trofeos. De tanto retrasarse el alirón liguero, y olvidada ya la Supercopa que abrió en agosto el curso, el de esta noche cuenta realmente como el primer título de la temporada. Fútbol e historia tienen hoy una cita en Mestalla (22.00, La 1): Barcelona, Athletic y sus circunstancias. Dos clubes con una significativa carga identitaria. Uno, el vasco, que opta a la que antaño, sin discusión, fue su competición por antonomasia. Otro, el catalán, carterista de guante blanco que ha osado arrebatarle a los bilbaínos el título de Rey de Copas del que tanto presumían.

El Athletic juega hoy su 35ª final copera; en 23, el equipo vizcaíno consiguió alzar el trofeo. La última en 1984 y, precisamente, ante el Barcelona. Los azulgrana cuentan con una Copa más (24). En la historia, cinco precedentes de finales de Copa entre ambos clubes: tres victorias azulgrana (1920, 1942 y 1953) y dos rojiblancas (1932 y la mencionada de 1984, la de las patadas y los puñetazos a la conclusión del partido ).

En la grada, dos aficiones de bandera, que desbordaron a sus clubes con la petición de entradas para la final, llenarán de color las gradas de Mestalla. En Barcelona, espera, engalanada tras las últimas celebraciones, Canaletes; mientras que en la Ría de Bilbao, ya fondea la Gabarra que no festeja una Copa desde hace 25 años. En San Mamés, además, se han habilitado seis pantallas gigantes para que 35.000 hinchas sigan juntos la final desde su estadio.

Sobre el césped de Mestalla, dos estilos diferentes: la clase contra la raza. La Masia contra Lezama. Messi contra Llorente. 22 futbolistas desbordados por la ilusión de hacer feliz a mucha gente. Y en medio de todos ellos, un hombre, el colegiado, Medina, con la decisiva responsabilidad de hacer respetar el reglamento desde el primer minuto. La temperatura del partido depende de su criterio, de dónde ponga el límite a la agresividadanunciada.

Más aún, tras lo que sonó el martes en boca de Caparrós: "Será una final muy disputada y cabe riesgo de lesión". "¿Eso dijo?", preguntaba, sorprendido, ayer Guardiola. "Bueno, para algo está el árbitro", concluyó, sin asustarse, el técnico de Santpedor.

Y es que el club vasco llega a esta final con una presión, en parte autoimpuesta, que desborda a futbolistas, técnicos y aficionados. Un asfixiante ambiente de euforia y aliento rodea al conjunto de Vizcaya que hace ya un cuarto de siglo que no levanta ningún título, más allá de las ligas del femenino desde que superó al Sevilla en las semifinales de la competición. El equipo lleva tres días recluido en Valencia. Caparrós dio incluso descanso a sus figuras en el último partido de Liga ante el Betis para que lleguen frescos al encuentro de esta noche. Los bilbaínos se juegan la Copa con todo. Sólo Gabilondo, con un desgarro en una rodilla, es baja.

Por el Barcelona, faltarán Márquez, Henry, Milito, Abidal e Iniesta. Guardiola no ha dado el más mínimo vestigio sobre cuál será la alineación con la que afronte la 34ª final copera azulgrana. No tiene mucho donde elegir.

El equipo catalán viaja hoy mismo hasta Valencia, como el grueso de la hinchada barcelonista. En la plantilla ilusiona una Copa que sólo tiene en su palmarés el brasileño Dani Alves. No importan las emociones ya vividas. Todos saben que su brillante temporada de poco servirá si no levantan títulos. Por Valencia pasa la posibilidad de conseguir entrar en la historia de los más grandes, los elegidos que un día levantaron el triplete.

Entre tanto, grupos independentistas catalanes llamaban ayer desde distintos foros sobre todo en Internet a la hin-chada presente en Mestalla a manifestarse con una pitada para reclamar la oficialidad de las selecciones catalana y vasca. Otros proponen que los aficionados den la espalda cuando suene el himno español. Buscan foco. Pero Laporta advirtió el lunes de que es mejor que hoy no se mezcle fútbol y política. Prefiere que Valencia sea una fiesta civilizada. También durante el himno.

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