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Las fuentes del Nilo y el caso de España

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En la década de 1860, las dudas sobre dónde estaban las fuentes del Nilo fueron la causa de una durísima disputa pública entre dos exploradores ingleses, Richard Francis Burton y John Hanning Speke, que habían iniciado juntos la expedición para encontrar el origen del río. La disputa dividió en dos a la sociedad victoriana. Speke se inclinaba por el lago Victoria, que él había descubierto y bautizado, mientras Burton yacía enfermo de malaria en su tienda en Tabora. Burton, por su parte, afirmaba que el Nilo nacía en en el lago Tanganika, la otra gran masa de agua que ambos exploradores habían catalogado por vez primera para el conocimiento occidental.

La lucha entre ambos se trasladó encarnizadamente a los periódicos y a las sociedades científicas, tan representativas del enorme poder del imperio británico en su época y tan socialmente influyentes. Y acabó trágicamente en 1864, cuando Speke se pegó un tiro el día que debía debatir en público con Burton. Dos años después, Burton fue nombrado caballero. Pero más tarde perdió todo el prestigio al mantener, en la puritana Inglaterra, puntos de vista poco ortodoxos sobre la sexualidad femenina y la poligamia, además de haberse casado con una católica. Y Speke tenía razón, como quedó demostrado más tarde.

En aquel momento, ninguno de los dos exploradores, ni la sociedad entera, se dio cuenta de que el debate era trivial frente a -como nos recuerda el presidente del International Centre for Life, Matt Ridley, en su ensayo Qué nos hace humanos- lo auténticamente importante de aquella gran expedición de Speke y Burton: en África había dos enormes lagos que la ciencia occidental desconocía. Y hoy sabemos que el lago Victoria, la segunda reserva de agua dulce más grande del mundo, es el origen principal del Nilo, pero que también lo son miles de arroyos que lo alimentan desde otros puntos.

Inversiones

Trasladémonos hoy a la sociedad española y hagamos un paralelismo con la disputa que se está generando respecto al reparto entre comunidades autónomas de la inversión en infraestructuras el año que viene. Disputa que promete ser enconada y tremendamente demagógica.

Cuatro de cada diez euros de inversión en infraestructuras van a ir a parar a Cataluña y Andalucía. Las otras quince autonomías y ciudades autonómas se tendrán que repartir el resto. Así dicho, parece ciertamente discriminatorio en beneficio de Cataluña y Andalucía, dos comunidades gobernadas por el PSOE.

Sin embargo, para hacer un análisis mínimamente riguroso y no emprender una disputa como la de Burton y Speke que divida a la sociedad española, deberíamos evaluar cuáles han sido las inversiones en los últimos diez años, que es un periodo razonable cuando se trata de construir carreteras, tender traviesas de ferrocarril o levantar aeropuertos. Lo ideal sería que la inversión en infraestructuras se guiara siempre por la ejecución de los proyectos que son necesarios para el desarrollo de una autonomía, no por qué porcentaje de un presupuesto total le toca a alguien. Por las necesidades y no por la contabilidad. Además, hay otras circunstancias, como la orografía, que influyen en cuánto dinero se necesita para hacer los mismos kilómetros de carretera en una autonomía que en otra, con lo cual un sistema de porcentaje de inversión puede acabar siendo totalmente absurdo.

En cualquier caso, el sudoku de Solbes parece más fácil de resolver porque la caja está bien y el superávit presupuestario es generoso. Si hay más dinero para todos se diluyen los resquemores, aunque las disputas políticas en precampaña electoral no se van a evitar. Pero, como en las fuentes del Nilo, el conflicto sobre el origen del río está ofuscando lo importante, que es hacer más eficiente la inversión en infraestructuras.

Vivienda

La semana pasada, el Gobierno anunció un nuevo plan de ayudas para los ciudadanos que viven o vivirán en alquiler: los menores de 30 años recibirán 210 euros al mes durante cuatro años, una legislatura, y se recupera la antaño desaparecida deducción por alquiler: 10% del alquiler siempre que los ingresos brutos sean inferiores a 28.000 euros.

La mala noticia, para quien la quiera oír, es que pagar una ayuda directa, en metálico, ya sean 210 o 240 euros, será muy beneficiosa, personalmente, para las personas que la cobren; pero en absoluto resuelve el problema global del acceso de los jóvenes a la vivienda. Por eso, serán más apropiadas otras medidas -enunciadas, pero no concretadas por el Gobierno- donde se incide en la raíz del problema, en el origen del Nilo, como son la agilización de los procedimientos de desahucio cuando el inquilino no paga la renta o la cesión de suelo para su utilización en viviendas en alquiler.

Lo realmente importante sobre las fuentes del Nilo con el paso del tiempo no ha sido la disputa científica, sino las locuras hechas a su costa. Desde 1950, la vida de las personas que viven en el entorno del lago Victoria, especialmente en Tanzania, es un calvario. En aquel entonces, se introdujo en el lago la perca del Nilo, un pez de tamaño y forma parecido al mero, un terrible depredador de sus vecinos acuáticos, que ha acabado totalmente con las especies endémicas.

En la actualidad, la pesca y la venta a Occidente de la perca -a menudo encontrada en mercados falsamente ofrecida como mero- constituye la principal fuente de divisas del país. Pero, como reflejaba en 2005 el escalofriante documental La pesadilla de Darwin, del francés Hubert Sauper, esta industria pesquera del lago Victoria es en realidad fuente de tratos brutales a mujeres y niños y, en general, de toda la indignidad que a menudo genera la mal entendida globalización económica.

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