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Gaultier llena de ninfas y sirenas su pasarela de lujo para el verano de 2008

EFE

Bellísimas sirenas de manto plateado, dorado, irisado, a veces azulado, ondinas y otras ninfas de universos marinos imaginarios inspiraron a Jean-Paul Gaultier una de las más fastuosas colecciones de la alta costura francesa para la primavera-verano de 2008.

El modisto eligió los salones del edificio que ocupa en el centro de París para exhibir sus ideas, y acoger a la actriz Catherine Deneuve, a un considerable abanico de herederas de acento oriental y otras 'Muy Importantes Personas' (VIP) deseosas de contemplar su gran espectáculo.

Increíbles bordados e incrustaciones de piedras y lentejuelas, velos sobre sombrillas transparentes, fastos de oro y plata, a veces en simples faldas rectas combinadas con camisetas marineras de rayas, y conjuntos de lujo inusitado, marcaron su colección.

El mantón de Manila compartió inspiración con dragones, lobos de mar y otros títulos marinos dados a cada modelo, con sus tradicionales flecos entrecruzados hasta confeccionar un sorprendente vestido.

En ocasiones, el efecto Manila, sus claveles bordados, cubrieron un vestido o una sombrilla, portada siempre por mujeres de largo cabello ondulado, cuya parte superior aparecía e menudo pegada al cuero cabelludo, como mojada.

Vestidos cortos de amplia túnica, con grandes mangas también trapecio, modelos rectos hasta por encima de las rodillas, bordados con escamas en tonos acuáticos, turquesas y verdosos, con perlas y motivos plateados o dorados, fueron otras constantes Gaultier para su verano de 2008 más lujoso.

La escama, incrustada, bordada, grabada, bordeada, dejó su impronta en todo tipo de modelos, muchos de ellos entallados, en forma de vestidos sirena largos, negros o dorados.

El más ajustado de todos fue el último, el de novia, combinado con el ya característico sujetador puntiagudo de la casa, sobre una falda dorada de lentejuelas que impedía andar a su portadora, por lo que ésta entró en vistosas muletas de coral a la pasarela.

Mediado su recorrido, una cremallera lateral salvó a la sala del rotundo mensaje que acababa de enviar el modisto, y la última ninfa de Gaultier recuperó su libertad de movimientos.

El ya mítico Valentino, de 75 años, prometía dar esta noche el momento especial de la tercera jornada de desfiles de alta costura de París, tras haberse despedido el pasado octubre del prèt-à-porter y haber elegido la capital francesa para decir adiós definitivamente a la alta costura.

Le sucederá, con voluntad de dar continuidad a su imagen de elegancia suprema, la diseñadora italiana Alessandra Facchinetti.

A la espera de descubrir en marzo su talento, el maestro prometía hacer gala hoy de todo su arte, en esta última e histórica colección.

Por su parte, Franck Sorbier deleitó a su público en el Circo de Invierno, con una colección de compleja y exquisita escenografía en la que rindió homenaje a Tahití, con rito tradicional incluido; pero también a los años veinte y treinta, a los 'dandys' de finales del siglo XIX, o, simplemente, a los años 70 de su juventud.

Estos últimos con vestidos cortos multicolores, entallados sobre amplia falda, portados siempre por criaturas de extrema delgadez.

Además de bellos modelos de día, o de noche, a menudo con excelsos bordados; además de sus materias primas de inevitable lujo, de la organza a la seda, el lino o las pedrerías, la alta costura Sorbier tuvo sus sorpresas en la utilización de la rafia, o del tejido vaquero extraído directamente de 'jeans' "recuperados" y deshilachados, eso sí, todos ellos viejos 501 Levi's.

La rafia para acompañar delicados vestidos princesa de colores terrosos, el vaquero porque Sorbier quiso combinar su mujer alta costura con... un hombre 'ad hoc', vestido según la ocasión evocada, en este caso un pic-nic campestre, en otros un paseo o una estancia playera

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