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El Gobierno francés no actúa ante la creciente esclavitud doméstica

Confiesa que no tiene estadísticas ni planes para combatir este fenómeno

ANDRÉS PÉREZ

La esclavitud doméstica, es decir, jóvenes sobre todo del sexo femenino que viven prácticamente encerrados en sus casas, vigilados por su entorno familiar o clan y a menudo sometidos al trabajo doméstico no remunerado, es un fenómeno creciente en Francia. Las asociaciones en defensa de los derechos humanos han advertido sobre la peligrosidad del fenómeno; sin embargo, el Gobierno francés no dispone de estadísticas ni lo ha incluido en el código penal. Además, la secretaría de Estado para las Solidaridades reconoce estar "entre neblinas" a la hora de combatirlo.

El Comité Contra la Esclavitud Moderna (CCEM) tampoco dispone de cifras, pero Sophia Lakhdar, directora de la entidad, adelanta que varios miles de personas podrían sufrir esa "esclavitud doméstica moderna", muchas de las cuales vivirían ese calvario por decisión de su entorno familiar o clan. En este sentido, el CCEM recibió, en 2008, 33 advertencias de casos de esclavitud ejercida por parte de las familias. Además, cada año en Francia 70.000 muchachas corren el peligro de sufrir un matrimonio forzado originado en el país galo.

"Combinando varias figuras penales existentes, hemos conseguido hacer que se condene en varias ocasiones a tíos y suegros que practicaban esa forma de esclavitud familiar", explica Sophia Lakhdar. Pero inmediatamente añade: "Por el contrario, nunca hemos conseguido lograr una condena para un marido que ejerce esa presión: Los tribunales no la reconocen en el marco de la pareja estable y la figura de la esclavitud doméstica familiar no existe como tal".

Valérie Létard, de la secretaria de Estado para las Solidaridades, reconoció a Público que el Gobierno si bien ha diseñado planes de acción trienales contra las mutilaciones sexuales o contra los matrimonios forzados, todavía no le ha llegado el turno al fenómeno de la esclavitud doméstica familiar.

Lo cierto es que, según las asociaciones feministas, la legislación francesa no es para nada la más avanzada de Europa a la hora de proteger a las mujeres principal blanco de la esclavitud doméstica familiarde la violencia de género, sea cual sea su forma. D

 

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