Público
Público

Guilani propone diálogo y ayudas para combatir el terrorismo

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

El primer ministro paquistaní, Yusuf Razá Guilani, propuso hoy diálogo a los militantes islámicos que acepten deponer las armas y ayudas para sacar del subdesarrollo a las zonas tribales, en su primer discurso tras obtener un voto de confianza unánime en el Parlamento.

"La guerra contra el terrorismo es nuestra propia guerra" y una prioridad del futuro Gobierno, destacó Guilani, quien se declaró preparado para negociar "con todos aquellos que estén listos para abandonar las armas".

También anunció ayudas al conflictivo cinturón tribal fronterizo con Afganistán, como "parte de una estrategia para luchar contra el terrorismo y el extremismo" que azotan Pakistán con especial virulencia en el último año y que hoy se cobraron la vida de una mujer y su hijo en un ataque en la localidad de Kohat (norte).

La apuesta negociadora de Guilani ha causado inquietud en EEUU, cuyo subsecretario de Estado, John Negroponte, calificó de incomprensible que "alguien piense en negociar con terroristas".

Al abandonar Pakistán hace dos días tras una primera toma de contacto con la nueva cúpula política del país, Negroponte recordó los 750 millones de dólares de ayuda quinquenal prometidos por EEUU para la zona tribal, al tiempo que reiteró que el terrorismo "tiene que ser combatido de manera efectiva".

EEUU acusa a Pakistán de permitir que el cinturón fronterizo sirva de base para talibanes y miembros de Al Qaeda para sus operaciones en Afganistán.

Guilani reiteró que Pakistán "quiere paz en Afganistán" por su propio interés, y añadió entre las medidas para combatir el extremismo religioso la creación de un organismo que vigilará las cuentas y los programas de las madrasas (escuelas coránicas) del país, consideradas centros de adoctrinamiento de radicales.

El primer ministro expuso al Parlamento su programa de gobierno para los primeros 100 días tras obtener un voto de confianza no sólo de las fuerzas que formarán el Ejecutivo sino también de la oposición afín al presidente, Pervez Musharraf, algo inédito en la Historia de Pakistán.

Guilani, miembro del Partido Popular de Pakistán (PPP) de la asesinada Benazir Bhutto, aún ha de anunciar la composición de su Gabinete, que su formación negocia con sus socios de la Liga Musulmana-N de Nawaz Sharif y otras formaciones minoritarias.

El primer ministro al comienzo de su intervención rindió "homenaje a la hija del Este", como gustaba llamarse Benazir Bhutto, para proceder a anunciar sus prioridades y destacar entre ellas, además de la lucha contra el terrorismo, la restitución de los jueces del Tribunal Supremo que fueron expulsados de sus cargos por Musharraf en noviembre pasado.

Para la rehabilitación de los jueces -que podrían reabrir los casos que cuestionaban la reelección de Musharraf como presidente- se necesita el respaldo de dos tercios del Parlamento.

En su propuesta de política exterior, el jefe del Gobierno abogó por unas relaciones "amistosas y pacíficas" con sus vecinos y por resolver todos los contenciosos pendientes, en particular el de Cachemira con la India.

Guilani dijo que el conflicto de Cachemira sólo se solucionará si se respetan "los deseos y aspiraciones" de su pueblo y aseguró a sus "hermanos y hermanas" cachemires que "sus sacrificios no serán en vano".

Sus declaraciones contrastan con las que hizo ayer el líder del PPP, Asif Zardari, quien mantuvo que el nuevo Gobierno "quiere poner fin a la larga lucha de los cachemires" y "lograr la paz entre Pakistán y la India".

Cachemira es el principal contencioso que separa a la India y Pakistán desde la independencia y nacimiento de ambos Estados en 1947.

El nuevo jefe del Gobierno también conminó al Ejército de Pakistán a retirar a su personal de todas las instituciones civiles del país en dos semanas, como dijo le había garantizado ayer el jefe del Estado Mayor, Ashraf Kiyani, sucesor de Musharraf en el puesto.

Asimismo, anunció una nueva ley que garantice la libertad de prensa y futuras medidas para paliar las penurias de la población a causa del déficit de energía, agua y trigo; además de prometer fijar el salario mínimo en 6.000 rupias (apenas 100 dólares).