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La guitarra de Paco de Lucía derrama embrujo y temple sobre el coso de La Malagueta

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Con templanza y algún que otro desplante, el guitarrista Paco de Lucía pareció fundirse esta noche con la figura del torero en un concierto en el que vistió, a través de sus acordes, la malagueña Plaza de Toros de La Malagueta de la misma magia y el mismo embrujo que demuestra el diestro en plena lidia.

Con rictus serio y reflexivo, sin levantar en momento alguno la mirada de su guitarra y con barba incipiente, el artista impregnó el coso de "Cositas buenas" -título de su último trabajo-, durante más de dos horas de actuación dentro de la bienal "Málaga en Flamenco".

Acompañado en el canto y las palmas por Montse Cortés, Chonchi Heredia y Victoria Santiago "La Tana" -su discípula predilecta-; por "El Piraña", en la percusión; "Niño Josele", en la guitarra; Alain Pérez, en el bajo; y Domingo Patricio en la armónica y el acordeón, Paco de Lucía dejó constancia una vez más de por qué es considerado uno de los artistas flamencos más grandes de todos los tiempos.

Las 5.000 personas que abarrotaron La Malagueta pudieron avalarle a través de la interpretación de temas como la rondeña "Mi niño Curro", que sirvió como plato de entrada para continuar con "Antonia", por soleá, dedicada a su hija.

Siguieron bulerías, alegrías e incluso fandangos con títulos como "La Barrosa", "Callejón del muro" o "Volar", que levantó una sonora ovación entre un público entregado a la capacidad del artista para hacer de la guitarra un instrumento de seducción.

Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, "al Gurú" de la guitarra se le notaba el diálogo rítmico con la base del percusionista, la complicidad con los cantes de "La Tana", Montse Cortés y Chonchi Heredia y la conversación sublime con el "Niño Josele" utilizando la lengua del acorde.

La segunda parte del espectáculo, con el que la bienal llegaba a su cenit, comenzó, después de un pequeño descanso, con la entrega de unos galardones a una panda de verdiales por parte de la bailora Rocío Molina.

Para retomar el montaje, rumbas y más bulerías incluidas en el penúltimo álbum del guitarrista, "Luzía", con el que el artista rindió un homenaje a su madre.

La puntilla en la lidia vendría con la interpretación de la célebre rumba: "Entre dos aguas", que la guitarra de Paco de Lucía popularizase allá por 1973.

Fue cuando el éxtasis y el delirio flamenco se apoderó del público, que descargó una lluvia de aplausos que azotó la plaza durante más de dos minutos.

El que formase con Camarón de la Isla el dúo más revolucionario y célebre del flamenco, logró salir por la puerta grande una vez más tras sus sonados éxitos en un auténtico templo de la música como el Carnegie Hall de Nueva York o el famoso festival flamenco de la Unión.

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