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El hip hop de Public Enemy se impone en un festival de pop rock independiente

EFE

El grupo estadounidense de hip hop Public Enemy ha demostrado hoy la vigencia de la vieja escuela rapera en la octava edición del festival Primavera Sound, donde ha conmemorado el vigésimo aniversario de una de las cumbres del género, su disco "It takes a nation of millions to hold us back".

Unas 20.000 personas, según la organización, han asistido a la primera noche de este certamen -hasta el 1 de junio en el Parc del Fórum- que una vez más ha demostrado que hay muchos tipos de festivales: está el de Eurovisión -donde lo importante es cuán amigo seas de tus vecinos- y está también esta cita barcelonesa, donde lo menos importante es precisamente tu procedencia, como demuestra la gran cantidad de extranjeros que atrae.

En el escenario Rockdelux, Chuck D., Flavor Flav, Professor Griff, DJ Lord y The S1W, respaldados por su particular guardia de corps y con el refuerzo de guitarra bajo y batería han recreado unas canciones que supusieron un puñetazo en el estómago de la sociedad norteamericana.

Así, piezas como "Countdown to Armaggedon", "Bring the noise", "Don't believe the hype", "She watch channel zero" o "Party for your right to fight", y el inevitable "Fight the power", han demostrado que envejecen sin problemas.

Con anterioridad, el escenario CD Drome ha visto debutar a los mallorquines The Marzipan Man, el nuevo proyecto de Jordi Herrera, ex Satellites, cuyo directo, pese al arpa, no ha estado a la altura de las melodías de su primer disco.

Tampoco le han ido mejor las cosas a La Estrella de David, la nueva banda del ex Beef David Rodríguez, independiente en sonido y actitud, pero dependiente del indie de los 90 en sus canciones.

Otra decepción ha corrido a cargo de los neoyorquinos MGMT, el último 'hype' de la industria musical, un quinteto de neo-hippies que han congregado a demasiado público para sus méritos, resumidos en un par de canciones, "Kids" y "Time to pretend", que no merecen tanto revuelo por su revisión de la psicodelia setentera.

Mejor le han ido las cosas a Mount Eerie, la particular historia de Phil Elverum, que con guitarra y voz ha defendido temas que cortan el hipo y desgarran el corazón.

En la vena nostálgica, la vuelta a los escenarios de The Notwist los abanderados de la indietronica, quien en el escenario Rockdelux, y convertidos ya en unos señores un poco de vuelta de todo -melena pureta, gafas y camisa- han hecho lo que la gente esperaba, sin sorpresas: pop triste con base digital, y algunas guitarras, que de vez en cuando despertaban al personal.

Edan with guest Dagha han convertido las tablas del ATP -otro de los seis escenarios en los que se reparte el cartel- en un corral improvisado en el que han escenificado una pelea de gallos, aunque la sangre no ha llegado al río, ya que momentos después del enfrentamiento verbal rimado de estos zipi y zape, han utilizado como bálsamo para sus heridas el "Strawberry fields forever" de los Beatles, para instantes después convertirse en una chirigota de Cádiz.

En la intendencia, hay que señalar en el "debe" la falta de cubos donde depositar vasos y otros residuos, además de la inevitables colas para cualquier cosa.

De momento, y a la espera de las sesiones más bailables, el público mayor, es decir, sin estridencias, pocos new ravers y mucha chaqueta de cuero.

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